jueves, 27 de diciembre de 2012

El amor en los tiempos del cólera




Si la hazaña de pasar cinco años de su vida esperando y creando una fortuna para conquistar a Daisy que el Gran Gatsby hizo por amor ya nos pareció sobrecogedora, que decir de los cincuenta años que esperó Florentino Ariza para que Fermina Daza terminará en sus brazos: la hazaña de lograr que su amada, una mujer ya anciana y recién enviudada,  encontrara un nuevo deseo de vivir en el ocaso de su vida.

El amor en los tiempos del cólera es un libro sin desperdicio alguno. Desde la primera página nos transporta al mundo del siglo XIX, un mundo de descubrimientos en el que los automóviles, vuelos en globo y viajes a París son vistos como las tendencias más ambiciosas del momento. Ubicada en un lugar conocido como la Manga (nombre ficticio para la real ciudad de Cartagena, Colombia), el amor en los tiempos del cólera es una de las tantas novelas caracterizadas por el Realismo Mágico propio de mucha de la literatura de finales de siglo en Sudamérica.

A diferencia del famoso Cien años de soledad, esta novela narra la historia de una sola generación, eso sí, una vez más centrándose en todos y cada uno de los personajes que la componen: especialmente en la deseada Fermina Daza, en su marido el doctor Juvenal Urbino y en su más fiel pretendiente Florentino Ariza, el cual invierte toda su vida pensando en ella y esperando a la muerte de su esposo para poder conquistarla finalmente. Sin embargo, Florentino Ariza nunca contó con la realidad de que, para entonces, no serían más que un par de ancianos más cercanos a la muerte que a la vida que él tanto pretende.

No cabe duda de que lo más maravilloso del libro es la habilidad del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez para enlazar una historia con la siguiente y con la siguiente y así hasta perder la cuenta. Y la maravilla de seguir la vida de decenas de personajes que el autor utiliza, entre otros recursos, para lanzar guiños al lector. Resulta, además, de lo más placentero que, una vez más, una novela de 1985 nos emocione mucho más que la mayoría de las historias actuales.  

miércoles, 19 de diciembre de 2012

American Beauty



Ganadora de cinco Oscar en 1999, incluido el de mejor película


American Beauty. Una historia desgarradora desde la primera escena… hasta la última. La historia de la misma soledad humana: de todos y cada uno de sus personajes. De la insatisfacción de una vida que resulta ser una decepción. La tristeza de despertar una mañana y no reconocerte a ti mismo porque te has convertido en todo aquello que nunca pudiste imaginar, y te miras en el espejo, y no te gusta lo que ves: un ser reprimido de todo aquello que algún día pudo darte la más mínima satisfacción.

Pero American Beauty también es la historia del despertar. Un despertar tan agradable que nos llevará de nuevo a la juventud; un despertar que nos alejará de todo aquello que nos entristece y nos abrirá todas aquellas posibilidades que nos ayudan a ser más felices. American Beauty es la historia de un despertar repentino a la vida. Es una historia que muestra la belleza del mundo en sus actos más fatales. Porque, al fin y al cabo, cuando miras la miseria de cerca, tan de cerca que puedes olerla, tocarla, entonces, a veces, sientes que miras al todo y que ese todo (todo que algunos identifican con Dios) te devuelve la mirada. Y no hay nada más bello en el mundo que ese momento de conexión suprema.

Y así es como Lester, interpretado por el increíble Kevin Spacey, concluye:

“Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma, mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero, recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella. Y entonces fluye a través de mí, como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro, pero no se preocupen: algún día la tendrán”.

La banda sonora, por otra parte, del célebre compositor Thomas Newman, no tiene desperdicio. Además está disponible en Spotify. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Showcase - El Callejón de las Artes




“Os propongo una reflexión –presentó Christian Nila, artista del Callejón de las Artes, a modo de apertura del espectáculo– Si la vida es teatro y el teatro es un juego de máscaras, ¿no es la vida más que un juego de máscaras?”

Ayer, por primera vez, tuve la oportunidad de asistir a uno de los espectáculos, en este caso un showcase, del Callejón de las Artes, con la excusa de que Elena Moreno –cantante, pianista, compositora y prima mía– participaba en la actuación.
A pesar de la prolongada duración del espectáculo, tres horas, la función fue maravillosa. A cada actuación, el público quedaba sorprendido por una delicia más. Artistas de todos los tipos y edades se unían para dar vida a diferentes personajes, todos ellos presentados por un monólogo con el que se trataba de contestar a la difícil pregunta de: ¿Por qué ser un artista?; monólogos, al mismo tiempo, conmovedores por las experiencias y ambiciones personales de las que los diferentes artistas nos hacían partícipe.
Canciones, pequeñas funciones teatrales, danzas e incluso una improvisación de clarinete fueron sucediéndose unas a otras, para dar fin a la función con un alegre “Oh Happy Day” que nos dejó a todos con una agradable sensación de satisfacción.

El Callejón de las Artes (http://elcallejondelasartes.wordpress.com/) es una asociación donde se ofrecen talleres de cante, danza, interpretación o práctica de instrumentos como piano y guitarra, entre otros. Recomendado para cualquier persona interesada en la expresión artística.

Asimismo, el espectáculo, además de gratuito, tuvo lugar en un agradable ambiente propiciado por el restaurante “Sevilla de Ópera”, en el interior del Mercado del Arenal, a unos cinco minutos de la Maestranza, pleno centro Sevillano.

Solo me queda decir, gracias a todos aquellos que hicieron posible este espectáculo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Savages



Es increíble como, en un par de horas, esta película se ha convertido directamente en una de mis favoritas.

Marihuana, sexo y violencia llenan la pantalla en un escenario que, dirigido por Oliver Stone, podría ser digno del mismo Tarantino. Savages… “I’m not sure that there can be three people equally in love. It just doesn’t work that way. I looked up at the definition of savages. It means who crumple, regress back to a primary state of being. One day, maybe, we will be back but now we just live like savages. Beautiful savages”.

Se trata de una historia ubicada en el más idílico ambiente californiano: la utopía de una vida guiada por la industria de la marihuana, la posibilidad de  compartir tu amor con dos personas al mismo tiempo y dirigir tu vida siguiendo el camino que mejor te parezca en cada momento. Chon (Taylor Kitsch) es un exmilitar que ama la violencia como parte de su vida diaria; Ben (Aaron Johnson) es un hippie moderno con ideas pacifistas de paz y amor. Será Ophelia (Blake Lively), protagonista y narradora de esta historia, el elemento que haga posible la unión entre ambos personajes formando un trío único y perfecto. Sin embargo, como toda historia idílica esta harmonía no durará mucho tiempo y la trama se complicará en una intensa aventura que acelerará nuestro pulso con una buena dosis de adrenalina.

Pero no solo la temática no podría ser mejor: la banda sonora y el reparto no se quedan atrás. La interpretación de actores como Salma Hayek, John Travolta y Benicio del Toro nos lleva, película desde el primer momento, a sumergirnos de lleno en esta trepidante.

El final, por otra parte, no podría ser más espectacular; la historia dará un último giro que no dejará a nadie indiferente. Y tener ese “Here comes the Sun” como canción de cierre no puede menos que dejarnos con una sonrisa en la boca y con ganas de experimentar esa idílica realidad del surf, el atardecer, la relajación y el sexo. 


domingo, 16 de septiembre de 2012

Waking Life



El domingo pasado un buen amigo mío decidió comprar un sofá para su habitación y, ¿qué mejor manera de celebrarlo que comiendo palomitas y viendo una película en buena compañía?

DREAM IS DESTINY. Con estas palabras Richard Linklater da comienzo a Waking Life: una excelente y filosófica película en la que  la palabra argumento pierde su significado y las imágenes adquieren tanto significado como las palabras empleadas.

A decir verdad, si alguien me preguntara por el argumento de esta película no sabría exactamente qué responder; ¿Es el sueño de un chico? ¿La historia de un chico que está soñando y todas las fases por las que su sueño pasa? ¿La evolución del sueño? En realidad, podría definir esta película como la suma de conversaciones  con gente de lo más variopinta que tienen lugar en la mente de un chico que está soñando. Conversaciones filosóficas sobre la vida y los mismos sueños. Sobre el significado del universo. Sobre el lenguaje y los sentimientos.

Los sueños es un tema sobre el que todo pensador ha reflexionado desde tiempos inmemorables. Como ya decía Descartes, ¿quién nos asegura que estamos despiertos y no durmiendo? Asimismo, en Waking Life surge la duda: ¿son los sueños mejores que la realidad? A veces en las que podría apostar que sí.

La calidad de las imágenes, por otra parte, es increíble; imágenes a veces tan llamativas que para seguir el hilo de la conversación hace falta cerrar los ojos. Y es que las personas se vuelven dibujos en esta película; dibujos que curiosamente van perfectamente con la evolución de la película y, así, con la evolución del sueño. Los dibujos se volverán más y más surrealistas a medida que el sueño sea más profundo, tal y como pasa en la realidad.

Personalmente siempre me ha interesado el tema de los sueños. Me parece increíble como nuestro cerebro funciona de manera completamente diferente, permitiéndonos experimentar las situaciones más inverosímiles. Ojalá siempre pudiéramos tener sueños lúcidos, de esos en los que te das cuenta de que estás soñando y eres tú quien decide lo qué va a pasar.

A pesar de ser una de mis películas preferidas, me abstengo de recomendarla a todo el mundo pues es una película rara y diferente, en la que serán las conversaciones las que llenen de sentido la escena. Conversaciones tan aleatorias como aquella en la que una mujer explica la incoherencia de nuestro lenguaje: un lenguaje inerte que trata de abarcar lo intangible, las emociones. O aquella otra en la que una pareja reflexiona sobre qué pasa en esos últimos ocho minutos de actividad cerebral después de muertos en los que, quién sabe, quizás pueda ser cómo un sueño. Un sueño que, en esos ocho minutos, te permite recrear una vida completamente de cero. Es curioso pensar cómo esta reflexión me hizo perderle el miedo a la muerte.

Para cualquier interesado, dejo un link donde se pueden encontrar las transcripciones de todas y cada una de las conversaciones de la película:
  



lunes, 27 de agosto de 2012

Baaria




Nada más verla en uno de los estantes del videoclub supe que  esta película sería mágica. Para ser más precisos pensé: Esta película tiene pinta de parecerse a La vida es bella. De hecho no me equivocaba. A través de una cámara magistral, Baaria muestra la realidad del siglo XX en Sicilia a través de la historia de tres generaciones: sus amores y odios, sus miedos, la guerra y postguerra, la realidad del partido comunista y la emancipación de la población de a pie.

A pesar de su principio algo caótico, pronto nos familiarizaremos con sus personajes, inicialmente difíciles de identificar y poco reconocibles. Un niño que corre endemoniado por conseguir veinte liras antes de que el escupitajo de un viejo pueblerino se seque, la crueldad de una maestra que se olvida de él castigado porque las cabras se comieran su libro de texto, el amor de dos jóvenes que se fugan quedándose encerrados en la casa hasta consumar su amor, el dolor de la muerte de los seres queridos, el hurto en huertos ajenos para aplacar el hambre o el amor de un hijo a un padre son algunos de los muchos momentos que llenan esta película. Y ese hombre que, ya mayor y a punto de morir, recorre las calles de una Sicilia moderna y aparentemente desconocida, perdido y desubicado pero no asustado, rencarnado en la figura del niño que fue pero que ya nunca volverá a ser.

Las escenas de amor inundan la pantalla, los mitos y supersticiones, los paisajes de una isla tan bella. La vehemencia de los sicilianos y la expresividad de su lenguaje corporal nos dejan con los ojos de par en par. La habilidad del director  Giuseppe Tornatore reside en su talento para unir fantasía y realidad de acuerdo con los sentimientos que experimentamos, con los sueños de todos: un chico que vuela en un cielo plagado de nubes por la velocidad alcanzada, un hombre que consigue tocar las tres grandes piedras con una misma piedra o una mosca que, después de años encerrada en el centro de una peonza se alza al vuelo en un claro grito a la libertad.

Pero, lo más importante de todo no es la historia es sí, sino la belleza con la que es narrada, una belleza que muchas veces se camufla en su propia crudeza pero que está llena de matices, guiños, supersticiones y gestos típicos de esta cultura que es, por otra parte, tan similar a la de muchos pueblos españoles. 

viernes, 3 de agosto de 2012

The seducer's diary




The seducer’s diary. El diario de un seductor.  Este diario, publicado por el danés Søren Kierkegaard bajo un pseudónimo, forma parte de un volumen mayor llamado O lo uno o lo otro (Either/Or) en el que este filósofo expone su respuesta a una de las preguntas más esenciales para el ser humano ¿cómo deberíamos vivir? Para ello Kierkegaard presenta dos modelos de vida: el hedonista y el ético. Ya nos podemos imaginar a que modelo corresponde la obra que nos ocupa. El diario de un seductor es un relato fundamentalmente defensor de la vida hedonista y basado en la belleza así como  en el arte de la seducción.

He de reconocer que me ha gustado mucho este libro (¿ensayo quizás?) al igual que me temo que me siento muy identificada con la filosofía hedonista de Kierkegaard así como con gran parte de su teoría sobre la seducción (¡que no con toda!).

What does love love? Infinitud. –What does love fear? Limitation. 
¿Qué pretende el amor? Infinitud ¿Qué teme el amor? Limitación.

Este diario nos introduce en la filosofía estética (hedonista) de Kierkegaard a través de una historia de amor y seducción. La historia de un Johannes que se enamora (¿o más bien encapricha?) de Cordelia y que quiere amarla y ser amado por ella de acuerdo a su filosofía estética. Para ello se introducirá poco a poco en su vida a través de un conocido (otro pretendiente en realidad), fingiendo ser un hombre aburrido y poco atrayente. Será a partir de este momento que Johannes comience a inducir los pensamientos de Cordelia (aunque aún de manera superficial) a través de sus lecturas. Así la lleva a comenzar a sentirse a atraída por él, un hombre que sorprendentemente es mucho más atractivo de lo pensado. El siguiente estadio será el del compromiso. Es entonces que Johannes conduce el pensamiento de Cordelia a través de sus cartas y acciones llevándola a degradar mentalmente cualquier idea de compromiso. ¿La conclusión? Cordelia romperá el compromiso y los dos amantes se encontrarán una última vez para consumar su amor en la libertad más absoluta. Será por última vez que se encuentren porque una vez consumado el amor, la chispa del deseo, de la ilusión, desaparecerán para Johannes.

Llega por lo tanto el momento de reflexión: él dice amar a Cordelia pero, ¿no se trata, en cierta medida, de un juego, de un capricho, de otra conquista que añadir a la lista?

También me gusta mucho como Kierkegaard introduce de vez en cuando sus impresiones sobre otras chicas (especialmente ese día de viento en el que le pide a la ventisca que robe el sombrero al acompañante de la chica sobresaliente del día). Me gusta como es minucioso de principio a fin, como consigue todo aquello que quiere. No me gusta tanto el engaño, las artimañas que urge, aunque debo reconocer que me han impresionado bastante. También creo que su teoría está bien equivocada y que, si bien el amor debe existir en libertad y sin barreras de ningún tipo (menos aún las sociales del compromiso), la idea de que el amor es perecedero, de que la pasión e ilusión son finitos, me parece errónea. Por el contrario, estoy bastante convencida de que al amor hay que mimarlo: es como una buena cosecha o, más aún, como un buen vino: hay que dejarlo madurar, envejecer. Pero claro, esta es mi opinión.

En todo caso la teoría de Kierkegaard es muy interesante e, indudablemente, avanzada para su tiempo.

Como banda sonora, el último álbum de Sigur Ros, Valtari ha sido el mejor acompañante de este diario de seductor. Queda dicho.

domingo, 29 de julio de 2012

Remember me



Es la 1:15 de la madrugada. No es muy tarde; tampoco es temprano.

Después de una estúpida e insustancial pero más que agradable charla por teléfono he decidido ver una película que llevaba algún tiempo escondida en la memoria de mi ordenador y que, por un  motivo u otro nunca había visto: Remember Me; Recuérdame. Los restos de lágrimas aún me nublan la vista, la música de los créditos aún retumba en mis oídos.

Siempre he creído firmemente que no hay nada más importante que el comienzo y el desenlace de una historia: es el elemento clave. Y así lo es en esta película. Un brutal asesinato abre la escena de esta historia de amor y pérdida. Debo avisar de que no es una historia alegre. Tampoco es triste. Al menos no demasiado. El final... es tan repentino e inesperado pero al mismo tiempo tan apropiado que no puedo pensar en otro mejor.

Hace mucho tiempo que las historias de amor dejaron de ser chico conoce a chica. Y sin embargo, todas tienen los mismo factores: las sonrisas y miradas cómplices, las escenas de sexo (implícito o explícito), las historias de familia, en este caso tan tristes, y, sobre todo, esas dos palabras tan importantes: Te quiero. Me encanta la escena en la que esta declaración es realizada al fin, creo que por la naturalidad del momento. Además, la sonrisa de Ally (Emilie de Ravin) podría llenar la pantalla por sí misma.

Tampoco la banda sonora tiene desperdicio: Sigur Ros o Sparklehorse me han hecho sonreír y llorar.
La película en sí es casi perfecta, incluso la interpretación de Robert Pattinson como chico neoyorkino extravagante (interpretación de la que, debo admitir, yo tenía bastantes reticencias) es más que aceptable.

Sin embargo, como contrapunto, debo reconocer un error de la producción. ¿Qué fue de los efectos especiales en esa última imagen de Nueva York vista desde las alturas? ¿No podrían haberle dado un poco más de calidad a la imagen, algunas sombras, de manera que no fuera tan evidente que estábamos viendo un diseño de ordenador? Pero bueno… supongo que se perdona.

Por último quiero reconocer una última cosa: mientras que el vampiro nunca me gustó demasiado, este nuevo papel de extravagante violento de Robert Pattinson podría enamorarme fácilmente.

viernes, 27 de julio de 2012

El padrino I

"Someday, and that day may never come, I'll call upon you to do a service for me.
But until that day, accept this justice as a gift on my daughter's wedding day"


Después de toda una vida escuchando las recriminaciones de todos aquellos que me oían decir que jamás había visto esta película, anoche finalmente me senté a verla.

No sé si fue por la maravilla de que mis padres hayan montado un cine de verano particular en el patio de la casa de Linares, por la fría brisa que soplaba tras lo que había sido un asfixiante día de julio o, sencillamente, porque la película era en sí tan buena como siempre me dijeron, pero lo cierto es que me encantó. Probablemente fuera la mezcla de todas estas circunstancias.

La historia de guerra entre las diferentes familias de la mafia italiana asentadas en América me tuvo con la boca abierta durante las casi tres horas que dura la película. En particular, la actuación de Marlon Brandon y  un jovencísimo Al Pacino no es menos que admirable. Por algo, más de uno ve esta película como una obra de arte del cine.

Y esa magnifica recreación de la sociedad italiana: las bodas y celebraciones. La importancia de la familia, el amor, la comida.

Una de las cosas que me llamó la atención fue la violencia de la película (o más bien la ausencia de violencia). Desde el comienzo mi madre, sentada a mi lado, me advirtió: Que sepas que es una película dura, violenta. Es increíble (e incluso intolerable) la cantidad de violencia a la que los jóvenes de hoy en día estamos expuestos, una violencia gratuita y atroz que, desde muy jóvenes nos deja inmunes, nos deja de escandalizar. Es una triste realidad, pero es. En comparación con esta violencia actual, las escenas de El Padrino son mucho más limpias y dejan mucho a la imaginación de cada cual. Hay, por supuesto, escenas violentas explícitas pero que en nada se parecen a las actuales. Bueno, miento, en algo sí: la conclusión es la misma: asesinar.

Creo que (incluso si una vez analizado es un personaje despreciable) todo aquel que vea la película llegará a sentirse en cierta medida conmovido por la figura del Padrino: su amor por la familia, la creación de un imperio creado para ayudar a sus ahijados, su código de honor y su inteligencia no son expuestos en vano.

La banda sonora de la película es, por otra parte, uno de sus elementos claves. 

¡Buscando tiempo para ver la continuación de la saga!

viernes, 20 de julio de 2012

BLANKETS



Siempre pensé que una obra de arte (una verdadera obra de arte) es aquella que te hace sentir, aquella que te transmite cientos de emociones e impresiones. En este sentido, Blankets es una verdadera obra de arte: desde la primera hasta la última página; cada frase, cada dibujo.

Crecido en una pequeña y muy religiosa comunidad de Wisconsin, Craig Thompson se sirve de este cómic autobiográfico para contarnos la historia de su infancia y juventud, y lo hace con una sensibilidad conmovedora. A través de sus dibujos, el autor nos revela sus primeros años de vida: su relación con su hermano, con la religión y con su primer amor. De esta manera, nos conduce a través de su evolución personal, desde la más pura e inocente infancia hasta la juventud y el ansia de independencia que se verá finalmente conseguida.

Y, sin embargo, se trata, ante todo, de una historia de amor, del primer amor. Del amor de Craig Thomson por Raina y de Raina por Thompson. Del amor de dos jóvenes que encuentran en la compañía el apoyo necesario para continuar. Una historia que, sin embargo, real como la vida misma, termina por no funcionar. Una historia preciosa.

Otro de los temas más importantes de esta historia es la relación de Thompson con la religión que en Wisconsin es tan omnipresente. A través de las páginas nos revela la evolución de su fe desde el más puro convencimiento hasta la incredulidad de las escrituras de la iglesia.

Por otra parte, me parece que uno de los motivos por los que esta historia nos conmueve tanto reside en el hecho de que Craig Thompson es capaz de mostrarnos momentos dolorosos de sí mismo y de su vida en general; momentos probablemente traumáticos que deja al descubierto para su público. Momentos que probablemente todos hemos sentido en algún momento de nuestra etapa de crecimiento y con los que nos sentimos fácilmente identificados.

El nombre de esta novela no podría haber sido mejor escogido. BLANKETS. No sólo por la preciosa manta que Raina le regaló un día sino también por la sensación de recogimiento, de calidez con que la historia nos envuelve de principio a fin. A pesar del paisaje nevado que llena las páginas, esta novela nos hace sentir tan refugiados como una chimenea en marcha en una cabaña en el medio de un campo nevado.  

Es una obra realizada con el corazón y que llega directamente a lo más profundo de cada uno.

Si Blankets te ha emocionado, la novela gráfica Diario de Viaje, del  mismo autor, también te gustará.

Como segunda recomendación, prueba a leerla con el álbum Hurricane Glass de Catherine Feeny sonando en el estéreo. Bye!







miércoles, 18 de julio de 2012

Sputnik, mi amor.




La belleza del estilo de Haruki Murakami se puede apreciar desde la primera frase de cualquiera de sus libros. Un estilo que me produce curiosidad, la suficiente como para desear aprender japonés y comprobar si realmente sus palabras son tan bellas como las que el/la traductor/a reproduce. Y lo dice precisamente una estudiante de traducción.

Esta es la tercera historia de este aclamado escritor japonés que leo y  que me ha tenido entregada a la lectura en estas calurosas tardes de verano en Sevilla. Llevo días sin hacer poco más que leer en el bordillo de la piscina mientras la tarde cae lenta y despacio para convertirse en una noche sin viento, en una noche de julio más, como tantas otras.

Una vez más, Murakami trata la soledad humana y el ansia de amor de cada individuo. Desdibujando las fronteras entre la realidad y el mundo onírico, entre el gozo y la tristeza, esta historia nos transporta a una cultura completamente diferente a la nuestra y, sin embargo, con un corazón idéntico: aquí o en Japón todos seguimos siendo humanos, con sus sentimientos y agonías.

Esta historia en particular trata la historia de amor fallida entre tres individuos. El protagonista, tan similar al Watanabe de Tokio Blues (Norwegian Wood) y al mismo autor, está completamente enamorado de su mejor amiga que también le ama pero no puede sentir deseo hacia él sino hacía una mujer mayor de la que se enamora. Una mujer que, a su vez, es incapaz de sentir ningún tipo de deseo sexual hacia nadie. Así se crea este triángulo de amor correspondido pero lleno de insatisfacciones que llevarán a la tragedia final. Una tragedia que termina por resolverse en las últimas páginas del libro.

Habiendo empezado con un estilo realista poco propio de este autor, Murakami se hace notar con su estilo surrealista tan característico a medida que la trama avanza. Un libro tan lleno de metáforas y tan inverosímil (pero al mismo tiempo tan real, ¿quizás por lo detallistas de sus descripciones?) que no nos dejará indiferentes.

Para quien haya leído Tokio Blues, este libro es una buena continuación a la prosa de Murakami. Ya que no llega a plasmar sus extremos de rareza en ella, esta historia podría ser considerada como la indicada para comprender su escritura.

Una de las partes de este libro que más me ha gustado es esta reflexión sobre la soledad humana; aquí queda a la vista de quien quiera leerla:


¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Que necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aislan tanto las unas de las otras. ¿Para que? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?
Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en el la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavas en el cielo. Cerré los ojos, agudicé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraba, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.


NOTA: Escribo esto escuchando la maravillosa música de Jónsi y contemplando un espléndido atardecer desde mi balcón. Quien me conozca lo suficiente sabrá que este es sin lugar a dudas mi momento mágico del día.

jueves, 12 de julio de 2012

HISTORIAS DE FILADELFIA



La primera vez que escuché hablar de esta película fue durante la lectura de “Un mundo casi perfecto” de Marisa de los Santos. La forma de presentar la película no pudo menos que producirme curiosidad, ¡aquella película parecía una de las mejores obras de la creación humana y yo nunca había oído hablar sobre ella! En palabras de la autora:

Si no has visto Historias de Filadelfia, deja todo lo que estés haciendo, alquílala y mírala. Probablemente exagere si digo que hasta que no la hayas visto habrás tenido una vida incompleta e insulsa. Sin embargo, definitivamente se encuentra en la lista de las cosas más perfectas. Ya sabes a qué me refiero: la lista que incluye el cielo estrellado sobre el desierto, los sándwiches de queso a la plancha, El Gran Gatsby, el edificio Chrysler, Ella Fitzgerald cantando “It don’t mean a thing (if your ain’t got that swing)” las peonías blancas y los pequeños bocetos de manos de Leonardo da Vinci.

Y es que, ¿así cómo no sentir curiosidad? Y si bien yo no dejé todo lo que estaba haciendo en ese momento para ver la película (el libro estaba muy bien como para hacer eso), cuando la otra noche me enteré de que la proyectaban en el cine de verano de Diputación no tuve ninguna duda de cuáles serían mis planes para la velada.

Ambientada en un escenario de ensueño: una familia de la alta sociedad de Filadelfia de los años 30-40, esta película estrenada en 1940 y, evidentemente, aún si colorear, muestra una increíble y ante todo divertida historia de amor.

Dirigida por George Cukor y llevada a escena por Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart, esta película consigue lo nunca pensado: presentando las mejores escenas de amor entre personajes que desde el principio está claro que no pueden terminar juntos, nos lleva a la satisfacción final por la que las parejas terminan con sus parejas predestinadas en un primer momento.

Los actores por otra parte, no pueden más que conmovernos claro que, tal y como dice Marisa de los Santos en “Un mundo casi perfecto”: Jimmy Stewart será siempre e indiscutiblemente el mejor hombre del mundo, a menos que de la casualidad de que aparezca Cary Grant. 

jueves, 5 de julio de 2012

El lobo

Si alguna vez has sentido curiosidad por saber cómo piensa o actúa uno de los más feroces depredadores de la naturaleza, este libro te resolverá todas las dudas. Desde la primera página nos encontramos con una historia de lucha que nos llevará a adentrarnos en las profundidades de la mente del cazador que da nombre al libro: el lobo.

Narrada en primera persona, nos encontramos con la triste historia de supervivencia de un lobo que lucha contra la crudeza de su cuarto invierno de vida. Sus experiencias, vivencias, sensaciones son transmitidas al lector desde una perspectiva completamente nueva pero no por ello falta de emoción e interés. La perspectiva de un animal nacido para matar.

Esta lucha continua por vivir estará llena de decisiones equivocadas que llevarán a un final esperado pero no por ello menos temido. Desde nuestra idea de la vida, desde nuestra sociedad, el comprender las leyes de la naturaleza en un invierno tan crudo que los cuervos se comen a los zorros, un invierno donde los mayores enemigos se asocian para encontrar alimento, no puede menos que darnos tristeza. Para un lobo, si bien este invierno produce extrañeza, también es aceptado con resignación: la resignación de saber que la naturaleza es superior al ser vivo y que en cualquier momento puede acabar con la vida; algo completamente incomprensible para el ser humano (ser que desde el comienzo de los tiempos ha tratado de someter la naturaleza a su antojo).

La naturaleza del lobo es presentada a la perfección. El odio al ser humano, a la sumisión del más débil; la adrenalina de la caza; el amor por la naturaleza; la certeza del final que tiene que llegar, pero también su resignación.

El marco de esta naturaleza invernal se nos presenta idílica a través de los agudos sentidos del lobo: el silencio absoluto, el frescor de la nieve bajo sus pezuñas, una rama que se cae, la respiración de otra bestia, la extraordinaria conexión con el resto de animales, los sonidos de la noche.

Tal y como lo describe Time Out: There is a bit of Wolf in each of us. – Hay un poco de lobo en cada uno de nosotros.

miércoles, 27 de junio de 2012

Exposición de pintura y arte-terapia


Mi preferido: Izquierda y derecha

Tal y como comentaba en la entrada anterior, la llegada del verano se hace notar en Sevilla. Entre otras actividades, esta semana la clase de Pablo Gelo Álvarez presenta su exposición de pintura y arteterapia. Se trata del producto de las pinturas realizadas por unos pocos alumnos a lo largo del año. Entre estas pinturas sobresalen, sin lugar a dudas, las realizadas por María Merino.

Sus pinturas expresan una sensibilidad que llega y toca inmediatamente el alma de todo público. Asimismo, al tratarse de arte-terapia, cada una de sus obras puede ser perfectamente explicada como el producto de una técnica, no solamente de pintura (collages, temperas y acuarelas llenaban las paredes) sino también de técnicas de relajación, meditación y reflexión interna.

De todas sus pinturas mi preferida sería una en la que se representa un busto de un color azulado en cuya frente se muestra un cerebro dividido en sus hemisferios izquierdo y derecho. La inspiración vendría de una noticia en televisión donde se explicaba cómo el hemisferio derecho del cerebro humano  es la parte donde se concentra la feminidad de cada persona, el amor por las artes y la belleza, mientras que es en el hemisferio izquierdo donde se encuentra la masculinidad, la fuerza y braveza. Podemos decir que esto se encuentra perfectamente representado en esta pintura. Los colores utilizados además, hacen de esta una pintura una atrayente e incluso un poco mística.

Recién acabada su selectividad y con intención de comenzar Bellas Artes, desde toda mi admiración, puedo afirmar que esta chica es ya una artista. Dejo algunas de sus pinturas para todo aquel que este interesado.

Queda completamente recomendado: la exposición continuará hasta el final de esta semana (25-29 Junio) en la Casa de la Juventud de Mairena del Aljarafe.



La clase de pintura al completo


Este cuadro está realizado a medias entre María y Lucía


Acuarela


Este cuadro representa a María a la perfección: Mi habitación

lunes, 25 de junio de 2012

El inspector







Parece que el comienzo de verano se nota en Sevilla: las representaciones de teatro de fin de curso se suceden unas a otras, las terrazas nocturnas se llenan de amigos que, con una cerveza en la mano tratan de olvidar el calor asfixiante del día y, entre otras cosas, el cine de verano abre sus puertas.

Llevo unos días queriendo escribir (pero sin tiempo suficiente de sentarme delante del ordenador) sobre la obra de teatro que los pasados días miércoles 20, jueves 21 y viernes 22 representó el taller de primero de interpretación de la escuela de arte dramático de Sevilla: El inspector.

Para ser completamente sinceros, no se trata en realidad del original de Nikolái Gógol, sino de una adaptación de esta obra rusa a un ambiente rural español. Es por ello que la elección de la obra no puede ser menos que oportuna: en un tiempo de crisis actual, donde todos nuestros supuestos líderes están corruptos y se dedican a estafarnos pública y legalmente, esta pieza de teatro representa una realidad a la orden del día.

La adaptación realizada ubica la trama en un pueblo español adonde llega el rumor de que un inspector viene de incógnito directamente desde Bruselas para comprobar que el pueblo se encuentra libre de fraude y de que las cuentas están en orden. Es por ello que desde el principio tanto el alcalde como los altos puestos de las instituciones del pueblo (el hospital, la escuela, los juzgados) se reúnen para ver como solventar tal situación. Sin embargo, todo se complicará al entrar en juego un donjuán, funcionario que reside indefinidamente en el hostal sin pagar su habitación y al que todos toman equivocadamente por el supuesto inspector. A partir de ese momento todos comenzarán a sobornarlo, intentando, al mismo tiempo, ganar su amistad para recibir una buena crítica que les ayudará a ascender en sus carreras de auténticos estafadores. El culmen de la obra llegará al anunciarse el compromiso entre el funcionario y la hija del alcalde, acto que es automáticamente sucedido por la desaparición del funcionario que, con los bolsillos llenos de dinero, y sin nada que ver con el inspector, decide largarse a disfrutar de la vida a la menor oportunidad. Todo terminará, por otra parte, al descubrir el alcalde y sus secuaces el error que han cometido, hecho que ocurre justo antes de aparecer el verdadero inspector.

La actuación de los alumnos de primero de interpretación fue especialmente remarcable y la caracterización de los personajes no dejó nada que desear. Los actores se movían por el escenario con una confianza y desenvoltura propia de actores profesionales. Asimismo, la situación de la representación en el patio de la facultad a la caída de la tarde (justo cuando empezaba a refrescar), hizo de una velada una algo mágica y especial. 

viernes, 22 de junio de 2012

The man who was thursday



The place was not only pleasant, but perfect […].Even if the people were not “artists,” the whole was nevertheless artistic. That young man with the long, auburn hair and the impudent face—that young man was not really a poet; but surely he was a poem. That old gentleman with the wild, white beard and the wild, white hat—that venerable humbug was not really a philosopher; but at least he was the cause of philosophy in others. That scientific gentleman with the bald, egg-like head and the bare, bird-like neck had no real right to the airs of science that he assumed. He had not discovered anything new in biology; but what biological creature could he have discovered more singular than himself? Thus, and thus only, the whole place had properly to be regarded; it had to be considered not so much as a workshop for artists, but as a frail but finished work of art.

The man who was Thursday: nos encontramos con un libro cuya historia nos atrapa desde la primera página. Esta novela relata las aventuras vividas por un policía que se hace pasar por anarquista para formar parte del Consejo Supremo de Anarquistas en un intento de terminar con este grupo de rebeldes. Esta trama terminará, sin embargo, por transformarse en una reflexión sobre el bien y el mal presentes en la sociedad así como en una comprobación de la existencia de dios.

Una de las partes que más nos ha llamado la atención ha sido la caracterización de los integrantes del Consejo Supremo de anarquistas, caracterizados al más puro estilo esperpéntico de Valle-Inclán: todos con deformaciones y extravagancias que llevan a una representación extrema de los personajes. Asimismo, la caracterización del jefe supremo de estos anarquistas, conocido como Sunday, no nos deja de recordar al famoso mago de Oz, debido a la impresión cambiante que este causa sobre los diferentes miembros del grupo de anarquistas. Esta semejanza se ve reforzada por el hecho de que ambos personajes desaparecen de la historia a través de un globo aerostático (si bien es cierto que Sunday volverá  a aparecer a las pocas páginas y Oz se marcha para siempre).

De la misma manera, las aventuras vividas por estos excéntricos personajes no pueden menos que recordarnos a las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. Mientras que esta Alicia en Wonderland persigue un conejo blanco por el cual vive las más inenarrables aventuras habidas y por haber, el grupo de fingidos anarquistas las vivirán en la persecución de este poderoso Sunday.

La idea de lealtad reflejada a lo largo de la historia, asimismo, nos llevará a más absoluta perplejidad. En un mundo actual donde estamos acostumbrados a la traición y a la violencia gratuita, el concepto de fidelidad a la palabra reflejado en esta obra no hará menos que llamarnos la atención. Ninguna promesa será incumplida por ningún personaje de nuestra historia.

Debemos reconocer que el final, sin embargo, deja bastante que desear. La apasionante y al mismo tiempo intrigante aventura de persecuciones terminará en una comprobación de la existencia de Dios, representado por uno de estos personajes. Pasamos de este modo de una novela a un ensayo filosófico en toda regla. Cómo bien decía: decepcionante. Sin embargo, para no ser injustos debemos reconocer que es un libro cuanto menos interesante y entretenido de leer.


martes, 29 de mayo de 2012

Jamboree

Esta nueva entrada es un poco diferente al resto que llevo publicando. Por primera vez voy a realizar una reseña de un lugar que acabo de conocer en Londres, y por lo tanto, la entrada será probablemente mucho más personal que las anteriores. Al fin y al cabo, lo que voy a expresar son las sensaciones que el lugar me causó y para ello debo explicar en que se basó la noche.

El lugar en cuestión es un bar muy muy pequeño, situado en Limehouse (DLR estación, al este de Londres)  y llamado Jamboree. Una de las grandes maravillas de este lugar es precisamente su localización, alejado de la urbe londinense. Asimismo, el lugar no es fácil de encontrar (se encuentra entre múltiples edificios dedicados a talleres y estudios artísticos), lo que hace de este lugar uno especial: nadie que no vaya buscando esa atmósfera, ese ambiente, esa música llegará allí por casualidad. Y por lo tanto, cada persona encontrada allí puede ser considerada un tesoro.

Hacía ya un tiempo que había escuchado hablar de este lugar: uno de los músicos del mercado de las flores lo mencionó una vez de pasada. Y, sin embargo, nunca había encontrado la ocasión de ir hasta que una amiga me propuso acercarnos para celebrar el fin de exámenes a lo que yo, evidentemente, acepté encantada.

El sitio en sí mismo es un lugar encantador. Está lleno de cuadros de músicos con un estilo difuso, sofás y velas, lo que crea un ambiente acogedor y familiar. Asimismo, en el centro de la sala se encuentra un pequeño escenario dedicado a los músicos. Delante de este hay una amplia pista de baile donde, al poco tiempo, todos bailábamos al ritmo de una música animada, mezcla de celta e indie al estilo más puro. A los laterales, librerías llenas de novelas y, sobretodo, ensayos filosóficos, llenan las paredes. Un gran piano llama la atención por su posición central.

Y bueno, que más decir. Que desde el primer momento me enamoré del lugar. No solo por su atmósfera, por las personas que llenaban aquel ambiente tan encantador sino, además, porque desde el principio todos esos artistas que llevo meses escuchando en las calles de Broadway Market, Brick Lane o Columbia Road fueron desfilando por el escenario. A veces de uno en uno. A veces en parejas.  A veces todos juntos. Y bueno, que el nombre Jamboree, no podría haber sido mejor escogido. Una maravilla.

Asimismo, mientras bailábamos y disfrutábamos en el interior, fuimos notando como poco a poco, un ambiente festivo se iba desarrollando en el exterior, entre los estudios. Salir, entrar y volver con una temperatura que lo permitía todo, fue uno de los mejores puntos de la noche. Conocer a tanta gente tan interesante y abierta también.

Por ello, podemos decir que la noche se dividió en dos partes: una primera de baile, música y jamboree, y una segunda igual de maravillosa en el exterior donde algunos bebían y fumaban, otros cantaban o tocaban la guitarra. Una pareja celebraba su noche pre-boda con el son de un ukelele. Españoles, italianos, ingleses, americanos. Alrededor de pufs y a la luz de la luna disfrutábamos de la juventud. Porque allí todos éramos jóvenes: puede que no de cuerpo, pero definitivamente sí de espíritu.

Y como yo dije, aquello era puramente ambiente mediterráneo. Pero no, estaba equivocada. Tal y como un encantador italiano me recordó, esto es un movimiento mundial: es el movimiento hippie.

Si alguien está interesado en leer alguna otra reseña sobre el lugar: http://flyingwithanna.com/2011/11/09/new-treat-59-brooke-sharkey/









jueves, 17 de mayo de 2012

Brooklyn Follies



BROOKLYN FOLLIES.

Brooklyn Follies. Sin lugar a dudas, nos encontramos ante un libro especial de principio a fin. Se trata de un retrato perfecto de la miseria humana presentada, eso sí, con desenfado e ironía. Mientras que esta ligereza de estilo nos llevará a la risa y a la templanza de espíritu, muchos de los acontecimientos relatados se caracterizarán, sin embargo, por la fea y triste condición humana. Avaricia, fanatismo o infidelidad serán algunos de los muchos ejemplos descritos a lo largo de la novela. De hecho, algunos de los eventos expuestos son tan grotescos que provocan nausea. Y, sin embargo, el estilo de las líneas es tan continuo; el hilo de la historia tan lineal, que un evento nos conducirá a otro y este a otro más, de manera que dejar la novela a la mitad (incluso si es por unas horas, para disfrutar con los amigos) no será sencillo.

No solo la historia es genial en sí misma sino que la crónica de sus personajes nos mantendrá inmersos entre sus páginas hasta bien entrada la noche: un hombre mayor, pero no tanto, que se retira a Brooklyn para morir; su reencuentro con un viejo sobrino que dejó la universidad para convertirse en un infeliz conductor de taxis; la larga desaparición de Aurora, que un día apareció posando entre las páginas de una revista porno; o la repentina aparición de Lucy, una jovencita de tan solo nueve años y medio que se niega a hablar y explicar de donde viene.

Por otra parte, algunos temas presentes a lo largo de toda la novela serán: la frágil conexión entre la vida y la muerte, la locura humana o la necesidad de evasión a través de nuestra propia mente. De esta necesidad en particular creará Paul Auster un lugar conocido como HOTEL EXISTENCIA, representando una realidad distinta para cada uno de los personajes del libro, así sea un centro de salvamento para niños perdidos durante la Segunda Guerra Mundial o una comuna en mitad del campo donde vivir en armonía con todos y cada uno de nuestros seres queridos. Al fin y al cabo, si hay algo que queda claro a lo largo de toda la novela es la necesidad de nuestros seres queridos para ser felices allí donde vamos. Y así como lo descubrió Christopher McCandless en su camino hacia las rutas salvajes, Nathan (protagonista de nuestra historia), descubre como la vida no tiene sentido si no es con aquellos que amamos.

Desde el principio de la novela me pareció especialmente interesante el proyecto de The Book of Human Folly (El libro de la Locura Humana), en el cual nuestro protagonista Nathan se dedica a escribir anécdotas vividas por él, por conocidos o incluso por personajes célebres de la historia, en los que reflejar la locura Humana. Si bien la idea de este personaje es simplemente ocupar el tiempo libre mientras espera a que se lo lleve la muerte (con solo 60 años), la originalidad del proyecto podría ser material para un libro en sí mismo. – ¡Imaginad cual fue mi sorpresa el otro día al entrar en una librería dedicada a libros de arte y encontrarme allí el proyecto llevado a la práctica por el mismo Paul Auster! El resultado de este The Book of Human Folly recibe el nombre de The Red Notebook y, tal y como descubriremos si buscamos información sobre el mismo en Wikipedia, es un libro que reúne historias reales de la vida del autor así como de sus conocidos relatando la locura humana  pero, eso sí, con un nuevo enfoque: todas las historias tienen un punto en común, la paradoja de la coincidencia.

Pero, volviendo a la novela en cuestión, una de sus características es la total evolución de sus personajes. Cojamos como ejemplo a Nathan, quien da comienzo al libro con la frase: I was looking for a quiet place to die (Estaba buscando un lugar en calma para morir). No le harán falta, sin embargo, más de una centena de páginas para descubrir la felicidad, y de hecho terminar el libro declarándose tan feliz como cualquier otra persona que aprecie la vida I was happy, my friends, as happy as any man who has ever lived. Algo similar ocurre con el resto, mostrando de esta manera al lector que la felicidad esta más cercana de lo que creemos.

El estilo de Paul Auster es, por otra parte, magnífico. Llama especialmente la atención su frecuente uso del vocativo, permitiendo una conexión inusual entre narrador (protagonista en este caso) y lector. Asimismo, la manera en que los eventos, descritos con la lentitud de la rutina al principio, se tornan en un torbellino de acontecimientos en el que un evento lleva a otro y este a otro más, hace de este libro una adicción durante unos días. De la misma manera, el hecho de que todos los eventos de la historia tienen un propósito (el ser la palanca que conduce al siguiente y así sucesivamente), nos lleva a pensar en cómo nuestras propias vidas son construidas y en cómo todo puede cambiar – y de hecho cambia – en un instante.

Personalmente, me parece especialmente enternecedora la historia de Kafka y la muñeca. Por ello la dejo aquí escrita, disculpándome de antemano por no haberla encontrado más que en inglés:


It’s the last year of Kafka’s life, and he’s fallen in love with Dora Diamant, a young girl of nineteen or twenty who ran away from her Hasidic family in Poland and now lives in Berlin. He gets to Berlin in the fall of 1923 and dies the following spring, but those last months are probably the happiest months of his life.
Every afternoon, Kafka goes out for a walk in the park. More often than not, Dora goes with him. One day, they run into a little girl in tears, sobbing her heart out. Kafka asks her what’s wrong, and she tells him that she’s lost her doll. He immediately starts inventing a story to explain what happened. ‘Your doll has gone off on a trip,’ he says. ‘How do you know that?’ the girl asks. ‘Because she’s written me a letter,’ Kafka says. The girl seems suspicious. ‘Do you have it on you?’ she asks. ‘No, I’m sorry,’ he says, ‘I left it at home by mistake, but I’ll bring it with me tomorrow.’
Kafka goes straight home to write the letter.
The next day, Kafka rushes back to the park with the letter. The little girl is waiting for him, and since she hasn’t learned how to read yet, he reads the letter out loud to her. The doll is very sorry, but she’s grown tired of living with the same people all the time. She needs to get out and see the world, to make new friends. It’s not that she doesn’t love the little girl, but she longs for a change of scenery, and therefore they must separate for a while. The doll then promises to write the girl every day and keep her abreast of her activities.
That’s where the story begins to break my heart. It’s astonishing enough that Kafka took the trouble to write the first letter, but now he commits himself to the project of writing the letter every day. He kept it up for three weeks. Three weeks. One of the most brilliant writers who ever lived sacrificing his time – his ever more precious and dwindling time – to composing imaginary letters from a lost doll. Dora says he wrote every sentence with excruciating attention to detail, that the prose was precise, funny, and absorbing. In other words, it was Kafka’s prose and every day for three weeks he went to he park and read another letter to the girl.
The doll grows up, goes to tschool, gets to know other people. She continues to assure the girl of her love, but she hints at certain complications in her life that make it impossible for her to return home. Little by little, Kafka is preparing the girl for the moment when the doll will vanish from her life forever. He finally decides to marry off the doll. He describes the young man she falls in love with, the engagement party, the wedding in the country, even the house where the doll and her husband now live. And then, in the last line, the doll bids farewell to her old and beloved friend.
By that point, of course, the girl no longer misses the doll. Kafka has given her something else instad, and by the time those three weeks are up, the letters have cured her of her unhappiness.



miércoles, 9 de mayo de 2012

Salmon Fishing in the Yemen




Después de verla anunciada en prácticamente todas las estaciones de metro de la ciudad, el miércoles pasado me decidí a escapar de los estudios, ir al cine y verla. Fue una gran elección, desde luego su levedad me hizo olvidarme de la realidad durante dos horas.

Destacando desde el principio que no es una película profunda con un argumento sobre el que reflexionar, Salmon fishing in the Yemen no es la típica comedia romántica sin más trama que chico conoce a chica. Con un humor ligero que nos lleva a la sonrisa desde el principio, esta película critica la superficialidad del gobierno inglés de una forma inteligente y divertida. Situando, por supuesto, una historia de amor como núcleo.

La formalidad del personaje de Dr. Alfred Jone (Ewan McGregor) nos lleva a la risa pero también a plantearnos cómo la comodidad  de una vida fácil y establecida no es siempre un sinónimo de felicidad. La dulzura de Harriet (Emily Blunt) es, sin embargo, demasiado cercana a la fragilidad de una mujer que necesita el apoyo de un hombre en su vida. Está claro que algunos tópicos nunca cambiarán.

Y es, sin embargo, el personaje de un poderoso jeque de Yemen (Arm Waked) es que más nos llamará la atención por su cháchara filosófica. Muchas veces absurda, pero a veces real como la vida misma. Especialmente nos calará su fe en la religión y nos llamará la atención como consigue convencernos en que la fe puede llegar a ser tan importante como la ciencia (aunque al salir del cine nos olvidemos de ello).

Los paisajes, por otra parte, nos llevan a la evasión más absoluta. Sobre todo ese atardecer entre dunas, cuando una mujer-berebere se acerca lentamente con un cántaro de agua sobre la cabeza. Solo apreciaremos su figura al principio, debido a un potente contraluz producto de la caída del sol. Más tarde veremos la belleza de su rostro, de su raza.

Película perfecta para un domingo después de comer.