El domingo pasado un buen amigo mío decidió comprar un sofá
para su habitación y, ¿qué mejor manera de celebrarlo que comiendo palomitas y
viendo una película en buena compañía?
DREAM IS DESTINY. Con estas palabras Richard Linklater da
comienzo a Waking Life: una excelente y filosófica película en la que la palabra argumento pierde su significado y
las imágenes adquieren tanto significado como las palabras empleadas.
A decir verdad, si alguien me preguntara por el argumento de
esta película no sabría exactamente qué responder; ¿Es el sueño de un chico?
¿La historia de un chico que está soñando y todas las fases por las que su
sueño pasa? ¿La evolución del sueño? En realidad, podría definir esta película como
la suma de conversaciones con gente de
lo más variopinta que tienen lugar en la mente de un chico que está soñando.
Conversaciones filosóficas sobre la vida y los mismos sueños. Sobre el
significado del universo. Sobre el lenguaje y los sentimientos.
Los sueños es un tema sobre el que todo pensador ha
reflexionado desde tiempos inmemorables. Como ya decía Descartes, ¿quién nos
asegura que estamos despiertos y no durmiendo? Asimismo, en Waking Life surge
la duda: ¿son los sueños mejores que la realidad? A veces en las que podría
apostar que sí.
La calidad de las imágenes, por otra parte, es increíble;
imágenes a veces tan llamativas que para seguir el hilo de la conversación hace
falta cerrar los ojos. Y es que las personas se vuelven dibujos en esta
película; dibujos que curiosamente van perfectamente con la evolución de la
película y, así, con la evolución del sueño. Los dibujos se volverán más y más
surrealistas a medida que el sueño sea más profundo, tal y como pasa en la
realidad.
Personalmente siempre me ha interesado el tema de los
sueños. Me parece increíble como nuestro cerebro funciona de manera
completamente diferente, permitiéndonos experimentar las situaciones más
inverosímiles. Ojalá siempre pudiéramos tener sueños lúcidos, de esos en los
que te das cuenta de que estás soñando y eres tú quien decide lo qué va a
pasar.
A pesar de ser una de mis películas preferidas, me abstengo
de recomendarla a todo el mundo pues es una película rara y diferente, en la
que serán las conversaciones las que llenen de sentido la escena.
Conversaciones tan aleatorias como aquella en la que una mujer explica la
incoherencia de nuestro lenguaje: un lenguaje inerte que trata de abarcar lo
intangible, las emociones. O aquella otra en la que una pareja reflexiona sobre
qué pasa en esos últimos ocho minutos de actividad cerebral después de muertos
en los que, quién sabe, quizás pueda ser cómo un sueño. Un sueño que, en esos
ocho minutos, te permite recrear una vida completamente de cero. Es curioso
pensar cómo esta reflexión me hizo perderle el miedo a la muerte.
Para cualquier interesado, dejo un link donde se pueden encontrar las transcripciones de todas y cada una de las conversaciones de la película:




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