La primera vez que escuché hablar
de esta película fue durante la lectura de “Un mundo casi perfecto” de Marisa
de los Santos. La forma de presentar la película no pudo menos que producirme
curiosidad, ¡aquella película parecía una de las mejores obras de la creación
humana y yo nunca había oído hablar sobre ella! En palabras de la autora:
Si no has visto Historias de Filadelfia, deja todo lo que estés haciendo, alquílala y mírala. Probablemente
exagere si digo que hasta que no la hayas visto habrás tenido una vida
incompleta e insulsa. Sin embargo, definitivamente se encuentra en la lista de
las cosas más perfectas. Ya sabes a qué me refiero: la lista que incluye el
cielo estrellado sobre el desierto, los sándwiches de queso a la plancha, El
Gran Gatsby, el edificio Chrysler, Ella
Fitzgerald cantando “It don’t mean a thing (if your ain’t got that swing)” las
peonías blancas y los pequeños bocetos de manos de Leonardo da Vinci.
Y es que, ¿así cómo no sentir
curiosidad? Y si bien yo no dejé todo lo que estaba haciendo en ese momento
para ver la película (el libro estaba muy bien como para hacer eso), cuando la
otra noche me enteré de que la proyectaban en el cine de verano de Diputación
no tuve ninguna duda de cuáles serían mis planes para la velada.
Ambientada en un escenario de
ensueño: una familia de la alta sociedad de Filadelfia de los años 30-40, esta
película estrenada en 1940 y, evidentemente, aún si colorear, muestra una
increíble y ante todo divertida historia de amor.
Dirigida por George Cukor y llevada
a escena por Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart, esta película
consigue lo nunca pensado: presentando las mejores escenas de amor entre
personajes que desde el principio está claro que no pueden terminar juntos, nos
lleva a la satisfacción final por la que las parejas terminan con sus parejas
predestinadas en un primer momento.
Los actores por otra parte, no
pueden más que conmovernos claro que, tal y como dice Marisa de los Santos en “Un
mundo casi perfecto”: Jimmy Stewart será
siempre e indiscutiblemente el mejor hombre del mundo, a menos que de la
casualidad de que aparezca Cary Grant.

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