BROOKLYN FOLLIES.
Brooklyn Follies. Sin lugar a
dudas, nos encontramos ante un libro especial de principio a fin. Se trata de
un retrato perfecto de la miseria humana presentada, eso sí, con desenfado e
ironía. Mientras que esta ligereza de estilo nos llevará a la risa y a la
templanza de espíritu, muchos de los acontecimientos relatados se
caracterizarán, sin embargo, por la fea y triste condición humana. Avaricia,
fanatismo o infidelidad serán algunos de los muchos ejemplos descritos a lo
largo de la novela. De hecho, algunos de los eventos expuestos son tan
grotescos que provocan nausea. Y, sin embargo, el estilo de las líneas es tan
continuo; el hilo de la historia tan lineal, que un evento nos conducirá a otro
y este a otro más, de manera que dejar la novela a la mitad (incluso si es por
unas horas, para disfrutar con los amigos) no será sencillo.
No solo la historia es genial en
sí misma sino que la crónica de sus personajes nos mantendrá inmersos entre sus
páginas hasta bien entrada la noche: un hombre mayor, pero no tanto, que se
retira a Brooklyn para morir; su reencuentro con un viejo sobrino que dejó la
universidad para convertirse en un infeliz conductor de taxis; la larga
desaparición de Aurora, que un día apareció posando entre las páginas de una
revista porno; o la repentina aparición de Lucy, una jovencita de tan solo
nueve años y medio que se niega a hablar y explicar de donde viene.
Por otra parte, algunos temas presentes
a lo largo de toda la novela serán: la frágil conexión entre la vida y la
muerte, la locura humana o la necesidad de evasión a través de nuestra propia
mente. De esta necesidad en particular creará Paul Auster un lugar conocido
como HOTEL EXISTENCIA, representando
una realidad distinta para cada uno de los personajes del libro, así sea un
centro de salvamento para niños perdidos durante la Segunda Guerra Mundial o
una comuna en mitad del campo donde vivir en armonía con todos y cada uno de
nuestros seres queridos. Al fin y al cabo, si hay algo que queda claro a lo
largo de toda la novela es la necesidad de nuestros seres queridos para ser
felices allí donde vamos. Y así como lo descubrió Christopher McCandless en su
camino hacia las rutas salvajes, Nathan (protagonista de nuestra historia),
descubre como la vida no tiene sentido si no es con aquellos que amamos.
Desde el principio de la novela
me pareció especialmente interesante el proyecto de The Book of Human Folly (El libro de la Locura Humana), en el cual
nuestro protagonista Nathan se dedica a escribir anécdotas vividas por él, por
conocidos o incluso por personajes célebres de la historia, en los que reflejar
la locura Humana. Si bien la idea de este personaje es simplemente ocupar el
tiempo libre mientras espera a que se lo lleve la muerte (con solo 60 años), la
originalidad del proyecto podría ser material para un libro en sí mismo. –
¡Imaginad cual fue mi sorpresa el otro día al entrar en una librería dedicada a
libros de arte y encontrarme allí el proyecto llevado a la práctica por el
mismo Paul Auster! El resultado de este The
Book of Human Folly recibe el nombre de The
Red Notebook y, tal y como descubriremos si buscamos información sobre el
mismo en Wikipedia, es un libro que reúne historias reales de la vida del autor
así como de sus conocidos relatando la locura humana pero, eso sí, con un nuevo enfoque: todas las
historias tienen un punto en común, la paradoja de la coincidencia.
Pero, volviendo a la novela en
cuestión, una de sus características es la total evolución de sus personajes.
Cojamos como ejemplo a Nathan, quien da comienzo al libro con la frase: I was looking for a quiet place to die (Estaba
buscando un lugar en calma para morir). No le harán falta, sin embargo, más de
una centena de páginas para descubrir la felicidad, y de hecho terminar el
libro declarándose tan feliz como cualquier otra persona que aprecie la vida I was happy, my friends, as happy as any man
who has ever lived. Algo similar ocurre con el resto, mostrando de esta
manera al lector que la felicidad esta más cercana de lo que creemos.
El estilo de Paul Auster es, por
otra parte, magnífico. Llama especialmente la atención su frecuente uso del
vocativo, permitiendo una conexión inusual entre narrador (protagonista en este
caso) y lector. Asimismo, la manera en que los eventos, descritos con la
lentitud de la rutina al principio, se tornan en un torbellino de
acontecimientos en el que un evento lleva a otro y este a otro más, hace de
este libro una adicción durante unos días. De la misma manera, el hecho de que
todos los eventos de la historia tienen un propósito (el ser la palanca que
conduce al siguiente y así sucesivamente), nos lleva a pensar en cómo nuestras
propias vidas son construidas y en cómo todo puede cambiar – y de hecho cambia
– en un instante.
Personalmente, me parece
especialmente enternecedora la historia de Kafka y la muñeca. Por ello la dejo
aquí escrita, disculpándome de antemano por no haberla encontrado más que en
inglés:
It’s the last year of Kafka’s life, and he’s fallen in
love with Dora Diamant, a young girl of nineteen or twenty who ran away from
her Hasidic family in Poland and now lives in Berlin. He gets to Berlin in the
fall of 1923 and dies the following spring, but those last months are probably
the happiest months of his life.
Every
afternoon, Kafka goes out for a walk in the park. More often than not, Dora
goes with him. One day, they run into a little girl in tears, sobbing her heart
out. Kafka asks her what’s wrong, and she tells him that she’s lost her doll.
He immediately starts inventing a story to explain what happened. ‘Your doll
has gone off on a trip,’ he says. ‘How do you know that?’ the girl asks.
‘Because she’s written me a letter,’ Kafka says. The girl seems suspicious. ‘Do
you have it on you?’ she asks. ‘No, I’m sorry,’ he says, ‘I left it at home by
mistake, but I’ll bring it with me tomorrow.’
Kafka
goes straight home to write the letter.
The
next day, Kafka rushes back to the park with the letter. The little girl is
waiting for him, and since she hasn’t learned how to read yet, he reads the
letter out loud to her. The doll is very sorry, but she’s grown tired of living
with the same people all the time. She needs to get out and see the world, to
make new friends. It’s not that she doesn’t love the little girl, but she longs
for a change of scenery, and therefore they must separate for a while. The doll
then promises to write the girl every day and keep her abreast of her
activities.
That’s
where the story begins to break my heart. It’s astonishing enough that Kafka
took the trouble to write the first letter, but now he commits himself to the
project of writing the letter every day. He kept it up for three weeks. Three
weeks. One of the most brilliant writers who ever lived
sacrificing his time – his ever more precious and dwindling time – to composing
imaginary letters from a lost doll. Dora says he wrote every sentence with
excruciating attention to detail, that the prose was precise, funny, and
absorbing. In other words, it was Kafka’s prose and every day for three weeks
he went to he park and read another letter to the girl.
The
doll grows up, goes to tschool, gets to know other people. She continues to
assure the girl of her love, but she hints at certain complications in her life
that make it impossible for her to return home. Little by little, Kafka is
preparing the girl for the moment when the doll will vanish from her life
forever. He finally decides to marry off the doll. He describes the young man
she falls in love with, the engagement party, the wedding in the country, even
the house where the doll and her husband now live. And then, in the last line,
the doll bids farewell to her old and beloved friend.
By that
point, of course, the girl no longer misses the doll. Kafka has given her
something else instad, and by the time those three weeks are up, the letters
have cured her of her unhappiness.

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