Si alguna vez has sentido
curiosidad por saber cómo piensa o actúa uno de los más feroces depredadores de
la naturaleza, este libro te resolverá todas las dudas. Desde la primera página
nos encontramos con una historia de lucha que nos llevará a adentrarnos en las
profundidades de la mente del cazador que da nombre al libro: el lobo.
Narrada en primera persona, nos
encontramos con la triste historia de supervivencia de un lobo que lucha contra
la crudeza de su cuarto invierno de vida. Sus experiencias, vivencias,
sensaciones son transmitidas al lector desde una perspectiva completamente
nueva pero no por ello falta de emoción e interés. La perspectiva de un animal
nacido para matar.
Esta lucha continua por vivir
estará llena de decisiones equivocadas que llevarán a un final esperado pero no
por ello menos temido. Desde nuestra idea de la vida, desde nuestra sociedad, el
comprender las leyes de la naturaleza en un invierno tan crudo que los cuervos
se comen a los zorros, un invierno donde los mayores enemigos se asocian para
encontrar alimento, no puede menos que darnos tristeza. Para un lobo, si bien
este invierno produce extrañeza, también es aceptado con resignación: la resignación
de saber que la naturaleza es superior al ser vivo y que en cualquier momento
puede acabar con la vida; algo completamente incomprensible para el ser humano
(ser que desde el comienzo de los tiempos ha tratado de someter la naturaleza a
su antojo).
La naturaleza del lobo es
presentada a la perfección. El odio al ser humano, a la sumisión del más débil;
la adrenalina de la caza; el amor por la naturaleza; la certeza del final que
tiene que llegar, pero también su resignación.
El marco de esta naturaleza
invernal se nos presenta idílica a través de los agudos sentidos del lobo: el
silencio absoluto, el frescor de la nieve bajo sus pezuñas, una rama que se
cae, la respiración de otra bestia, la extraordinaria conexión con el resto de
animales, los sonidos de la noche.
Tal y como lo describe Time Out: There is a bit of Wolf in each of us. –
Hay un poco de lobo en cada uno de nosotros.

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