Después de verla anunciada en
prácticamente todas las estaciones de metro de la ciudad, el miércoles pasado
me decidí a escapar de los estudios, ir al cine y verla. Fue una gran elección,
desde luego su levedad me hizo olvidarme de la realidad durante dos horas.
Destacando desde el principio que
no es una película profunda con un argumento sobre el que reflexionar, Salmon fishing in the Yemen no es la
típica comedia romántica sin más trama que chico conoce a chica. Con un humor
ligero que nos lleva a la sonrisa desde el principio, esta película critica la
superficialidad del gobierno inglés de una forma inteligente y divertida. Situando,
por supuesto, una historia de amor como núcleo.
La formalidad del personaje de
Dr. Alfred Jone (Ewan McGregor) nos lleva a la risa pero también a plantearnos
cómo la comodidad de una vida fácil y
establecida no es siempre un sinónimo de felicidad. La dulzura de Harriet (Emily
Blunt) es, sin embargo, demasiado cercana a la fragilidad de una mujer que
necesita el apoyo de un hombre en su vida. Está claro que algunos tópicos nunca
cambiarán.
Y es, sin embargo, el personaje
de un poderoso jeque de Yemen (Arm Waked) es que más nos llamará la atención
por su cháchara filosófica. Muchas veces absurda, pero a veces real como la
vida misma. Especialmente nos calará su fe en la religión y nos llamará la
atención como consigue convencernos en que la fe puede llegar a ser tan
importante como la ciencia (aunque al salir del cine nos olvidemos de ello).
Los paisajes, por otra parte, nos
llevan a la evasión más absoluta. Sobre todo ese atardecer entre dunas, cuando
una mujer-berebere se acerca lentamente con un cántaro de agua sobre la cabeza.
Solo apreciaremos su figura al principio, debido a un potente contraluz
producto de la caída del sol. Más tarde veremos la belleza de su rostro, de su
raza.
Película perfecta para un domingo
después de comer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario