martes, 29 de mayo de 2012

Jamboree

Esta nueva entrada es un poco diferente al resto que llevo publicando. Por primera vez voy a realizar una reseña de un lugar que acabo de conocer en Londres, y por lo tanto, la entrada será probablemente mucho más personal que las anteriores. Al fin y al cabo, lo que voy a expresar son las sensaciones que el lugar me causó y para ello debo explicar en que se basó la noche.

El lugar en cuestión es un bar muy muy pequeño, situado en Limehouse (DLR estación, al este de Londres)  y llamado Jamboree. Una de las grandes maravillas de este lugar es precisamente su localización, alejado de la urbe londinense. Asimismo, el lugar no es fácil de encontrar (se encuentra entre múltiples edificios dedicados a talleres y estudios artísticos), lo que hace de este lugar uno especial: nadie que no vaya buscando esa atmósfera, ese ambiente, esa música llegará allí por casualidad. Y por lo tanto, cada persona encontrada allí puede ser considerada un tesoro.

Hacía ya un tiempo que había escuchado hablar de este lugar: uno de los músicos del mercado de las flores lo mencionó una vez de pasada. Y, sin embargo, nunca había encontrado la ocasión de ir hasta que una amiga me propuso acercarnos para celebrar el fin de exámenes a lo que yo, evidentemente, acepté encantada.

El sitio en sí mismo es un lugar encantador. Está lleno de cuadros de músicos con un estilo difuso, sofás y velas, lo que crea un ambiente acogedor y familiar. Asimismo, en el centro de la sala se encuentra un pequeño escenario dedicado a los músicos. Delante de este hay una amplia pista de baile donde, al poco tiempo, todos bailábamos al ritmo de una música animada, mezcla de celta e indie al estilo más puro. A los laterales, librerías llenas de novelas y, sobretodo, ensayos filosóficos, llenan las paredes. Un gran piano llama la atención por su posición central.

Y bueno, que más decir. Que desde el primer momento me enamoré del lugar. No solo por su atmósfera, por las personas que llenaban aquel ambiente tan encantador sino, además, porque desde el principio todos esos artistas que llevo meses escuchando en las calles de Broadway Market, Brick Lane o Columbia Road fueron desfilando por el escenario. A veces de uno en uno. A veces en parejas.  A veces todos juntos. Y bueno, que el nombre Jamboree, no podría haber sido mejor escogido. Una maravilla.

Asimismo, mientras bailábamos y disfrutábamos en el interior, fuimos notando como poco a poco, un ambiente festivo se iba desarrollando en el exterior, entre los estudios. Salir, entrar y volver con una temperatura que lo permitía todo, fue uno de los mejores puntos de la noche. Conocer a tanta gente tan interesante y abierta también.

Por ello, podemos decir que la noche se dividió en dos partes: una primera de baile, música y jamboree, y una segunda igual de maravillosa en el exterior donde algunos bebían y fumaban, otros cantaban o tocaban la guitarra. Una pareja celebraba su noche pre-boda con el son de un ukelele. Españoles, italianos, ingleses, americanos. Alrededor de pufs y a la luz de la luna disfrutábamos de la juventud. Porque allí todos éramos jóvenes: puede que no de cuerpo, pero definitivamente sí de espíritu.

Y como yo dije, aquello era puramente ambiente mediterráneo. Pero no, estaba equivocada. Tal y como un encantador italiano me recordó, esto es un movimiento mundial: es el movimiento hippie.

Si alguien está interesado en leer alguna otra reseña sobre el lugar: http://flyingwithanna.com/2011/11/09/new-treat-59-brooke-sharkey/









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