viernes, 22 de junio de 2012

The man who was thursday



The place was not only pleasant, but perfect […].Even if the people were not “artists,” the whole was nevertheless artistic. That young man with the long, auburn hair and the impudent face—that young man was not really a poet; but surely he was a poem. That old gentleman with the wild, white beard and the wild, white hat—that venerable humbug was not really a philosopher; but at least he was the cause of philosophy in others. That scientific gentleman with the bald, egg-like head and the bare, bird-like neck had no real right to the airs of science that he assumed. He had not discovered anything new in biology; but what biological creature could he have discovered more singular than himself? Thus, and thus only, the whole place had properly to be regarded; it had to be considered not so much as a workshop for artists, but as a frail but finished work of art.

The man who was Thursday: nos encontramos con un libro cuya historia nos atrapa desde la primera página. Esta novela relata las aventuras vividas por un policía que se hace pasar por anarquista para formar parte del Consejo Supremo de Anarquistas en un intento de terminar con este grupo de rebeldes. Esta trama terminará, sin embargo, por transformarse en una reflexión sobre el bien y el mal presentes en la sociedad así como en una comprobación de la existencia de dios.

Una de las partes que más nos ha llamado la atención ha sido la caracterización de los integrantes del Consejo Supremo de anarquistas, caracterizados al más puro estilo esperpéntico de Valle-Inclán: todos con deformaciones y extravagancias que llevan a una representación extrema de los personajes. Asimismo, la caracterización del jefe supremo de estos anarquistas, conocido como Sunday, no nos deja de recordar al famoso mago de Oz, debido a la impresión cambiante que este causa sobre los diferentes miembros del grupo de anarquistas. Esta semejanza se ve reforzada por el hecho de que ambos personajes desaparecen de la historia a través de un globo aerostático (si bien es cierto que Sunday volverá  a aparecer a las pocas páginas y Oz se marcha para siempre).

De la misma manera, las aventuras vividas por estos excéntricos personajes no pueden menos que recordarnos a las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. Mientras que esta Alicia en Wonderland persigue un conejo blanco por el cual vive las más inenarrables aventuras habidas y por haber, el grupo de fingidos anarquistas las vivirán en la persecución de este poderoso Sunday.

La idea de lealtad reflejada a lo largo de la historia, asimismo, nos llevará a más absoluta perplejidad. En un mundo actual donde estamos acostumbrados a la traición y a la violencia gratuita, el concepto de fidelidad a la palabra reflejado en esta obra no hará menos que llamarnos la atención. Ninguna promesa será incumplida por ningún personaje de nuestra historia.

Debemos reconocer que el final, sin embargo, deja bastante que desear. La apasionante y al mismo tiempo intrigante aventura de persecuciones terminará en una comprobación de la existencia de Dios, representado por uno de estos personajes. Pasamos de este modo de una novela a un ensayo filosófico en toda regla. Cómo bien decía: decepcionante. Sin embargo, para no ser injustos debemos reconocer que es un libro cuanto menos interesante y entretenido de leer.


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