The place was not only
pleasant, but perfect […].Even if the people were not “artists,” the whole was
nevertheless artistic. That young man with the long, auburn hair and the
impudent face—that young man was not really a poet; but surely he was a poem.
That old gentleman with the wild, white beard and the wild, white hat—that
venerable humbug was not really a philosopher; but at least he was the cause of
philosophy in others. That scientific gentleman with the bald, egg-like head
and the bare, bird-like neck had no real right to the airs of science that he
assumed. He had not discovered anything new in biology; but what biological
creature could he have discovered more singular than himself? Thus, and thus
only, the whole place had properly to be regarded; it had to be considered not
so much as a workshop for artists, but as a frail but finished work of art.
The man who was Thursday: nos encontramos con un libro cuya
historia nos atrapa desde la primera página. Esta novela relata las aventuras
vividas por un policía que se hace pasar por anarquista para formar parte del
Consejo Supremo de Anarquistas en un intento de terminar con este grupo de
rebeldes. Esta trama terminará, sin embargo, por transformarse en una reflexión
sobre el bien y el mal presentes en la sociedad así como en una comprobación de
la existencia de dios.
Una de las partes que más nos ha
llamado la atención ha sido la caracterización de los integrantes del Consejo
Supremo de anarquistas, caracterizados al más puro estilo esperpéntico de
Valle-Inclán: todos con deformaciones y extravagancias que llevan a una representación
extrema de los personajes. Asimismo, la caracterización del jefe supremo de
estos anarquistas, conocido como Sunday, no nos deja de recordar al famoso mago
de Oz, debido a la impresión cambiante que este causa sobre los diferentes
miembros del grupo de anarquistas. Esta semejanza se ve reforzada por el hecho
de que ambos personajes desaparecen de la historia a través de un globo
aerostático (si bien es cierto que Sunday volverá a aparecer a las pocas páginas y Oz se marcha
para siempre).
De la misma manera, las aventuras
vividas por estos excéntricos personajes no pueden menos que recordarnos a las
aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. Mientras que esta Alicia en
Wonderland persigue un conejo blanco por el cual vive las más inenarrables
aventuras habidas y por haber, el grupo de fingidos anarquistas las vivirán en
la persecución de este poderoso Sunday.
La idea de lealtad reflejada a lo
largo de la historia, asimismo, nos llevará a más absoluta perplejidad. En un
mundo actual donde estamos acostumbrados a la traición y a la violencia
gratuita, el concepto de fidelidad a la palabra reflejado en esta obra no hará
menos que llamarnos la atención. Ninguna promesa será incumplida por ningún
personaje de nuestra historia.
Debemos reconocer que el final,
sin embargo, deja bastante que desear. La apasionante y al mismo tiempo
intrigante aventura de persecuciones terminará en una comprobación de la
existencia de Dios, representado por uno de estos personajes. Pasamos de este
modo de una novela a un ensayo filosófico en toda regla. Cómo bien decía:
decepcionante. Sin embargo, para no ser injustos debemos reconocer que es un
libro cuanto menos interesante y entretenido de leer.

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