lunes, 25 de junio de 2012

El inspector







Parece que el comienzo de verano se nota en Sevilla: las representaciones de teatro de fin de curso se suceden unas a otras, las terrazas nocturnas se llenan de amigos que, con una cerveza en la mano tratan de olvidar el calor asfixiante del día y, entre otras cosas, el cine de verano abre sus puertas.

Llevo unos días queriendo escribir (pero sin tiempo suficiente de sentarme delante del ordenador) sobre la obra de teatro que los pasados días miércoles 20, jueves 21 y viernes 22 representó el taller de primero de interpretación de la escuela de arte dramático de Sevilla: El inspector.

Para ser completamente sinceros, no se trata en realidad del original de Nikolái Gógol, sino de una adaptación de esta obra rusa a un ambiente rural español. Es por ello que la elección de la obra no puede ser menos que oportuna: en un tiempo de crisis actual, donde todos nuestros supuestos líderes están corruptos y se dedican a estafarnos pública y legalmente, esta pieza de teatro representa una realidad a la orden del día.

La adaptación realizada ubica la trama en un pueblo español adonde llega el rumor de que un inspector viene de incógnito directamente desde Bruselas para comprobar que el pueblo se encuentra libre de fraude y de que las cuentas están en orden. Es por ello que desde el principio tanto el alcalde como los altos puestos de las instituciones del pueblo (el hospital, la escuela, los juzgados) se reúnen para ver como solventar tal situación. Sin embargo, todo se complicará al entrar en juego un donjuán, funcionario que reside indefinidamente en el hostal sin pagar su habitación y al que todos toman equivocadamente por el supuesto inspector. A partir de ese momento todos comenzarán a sobornarlo, intentando, al mismo tiempo, ganar su amistad para recibir una buena crítica que les ayudará a ascender en sus carreras de auténticos estafadores. El culmen de la obra llegará al anunciarse el compromiso entre el funcionario y la hija del alcalde, acto que es automáticamente sucedido por la desaparición del funcionario que, con los bolsillos llenos de dinero, y sin nada que ver con el inspector, decide largarse a disfrutar de la vida a la menor oportunidad. Todo terminará, por otra parte, al descubrir el alcalde y sus secuaces el error que han cometido, hecho que ocurre justo antes de aparecer el verdadero inspector.

La actuación de los alumnos de primero de interpretación fue especialmente remarcable y la caracterización de los personajes no dejó nada que desear. Los actores se movían por el escenario con una confianza y desenvoltura propia de actores profesionales. Asimismo, la situación de la representación en el patio de la facultad a la caída de la tarde (justo cuando empezaba a refrescar), hizo de una velada una algo mágica y especial. 

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