domingo, 16 de septiembre de 2012

Waking Life



El domingo pasado un buen amigo mío decidió comprar un sofá para su habitación y, ¿qué mejor manera de celebrarlo que comiendo palomitas y viendo una película en buena compañía?

DREAM IS DESTINY. Con estas palabras Richard Linklater da comienzo a Waking Life: una excelente y filosófica película en la que  la palabra argumento pierde su significado y las imágenes adquieren tanto significado como las palabras empleadas.

A decir verdad, si alguien me preguntara por el argumento de esta película no sabría exactamente qué responder; ¿Es el sueño de un chico? ¿La historia de un chico que está soñando y todas las fases por las que su sueño pasa? ¿La evolución del sueño? En realidad, podría definir esta película como la suma de conversaciones  con gente de lo más variopinta que tienen lugar en la mente de un chico que está soñando. Conversaciones filosóficas sobre la vida y los mismos sueños. Sobre el significado del universo. Sobre el lenguaje y los sentimientos.

Los sueños es un tema sobre el que todo pensador ha reflexionado desde tiempos inmemorables. Como ya decía Descartes, ¿quién nos asegura que estamos despiertos y no durmiendo? Asimismo, en Waking Life surge la duda: ¿son los sueños mejores que la realidad? A veces en las que podría apostar que sí.

La calidad de las imágenes, por otra parte, es increíble; imágenes a veces tan llamativas que para seguir el hilo de la conversación hace falta cerrar los ojos. Y es que las personas se vuelven dibujos en esta película; dibujos que curiosamente van perfectamente con la evolución de la película y, así, con la evolución del sueño. Los dibujos se volverán más y más surrealistas a medida que el sueño sea más profundo, tal y como pasa en la realidad.

Personalmente siempre me ha interesado el tema de los sueños. Me parece increíble como nuestro cerebro funciona de manera completamente diferente, permitiéndonos experimentar las situaciones más inverosímiles. Ojalá siempre pudiéramos tener sueños lúcidos, de esos en los que te das cuenta de que estás soñando y eres tú quien decide lo qué va a pasar.

A pesar de ser una de mis películas preferidas, me abstengo de recomendarla a todo el mundo pues es una película rara y diferente, en la que serán las conversaciones las que llenen de sentido la escena. Conversaciones tan aleatorias como aquella en la que una mujer explica la incoherencia de nuestro lenguaje: un lenguaje inerte que trata de abarcar lo intangible, las emociones. O aquella otra en la que una pareja reflexiona sobre qué pasa en esos últimos ocho minutos de actividad cerebral después de muertos en los que, quién sabe, quizás pueda ser cómo un sueño. Un sueño que, en esos ocho minutos, te permite recrear una vida completamente de cero. Es curioso pensar cómo esta reflexión me hizo perderle el miedo a la muerte.

Para cualquier interesado, dejo un link donde se pueden encontrar las transcripciones de todas y cada una de las conversaciones de la película:
  



lunes, 27 de agosto de 2012

Baaria




Nada más verla en uno de los estantes del videoclub supe que  esta película sería mágica. Para ser más precisos pensé: Esta película tiene pinta de parecerse a La vida es bella. De hecho no me equivocaba. A través de una cámara magistral, Baaria muestra la realidad del siglo XX en Sicilia a través de la historia de tres generaciones: sus amores y odios, sus miedos, la guerra y postguerra, la realidad del partido comunista y la emancipación de la población de a pie.

A pesar de su principio algo caótico, pronto nos familiarizaremos con sus personajes, inicialmente difíciles de identificar y poco reconocibles. Un niño que corre endemoniado por conseguir veinte liras antes de que el escupitajo de un viejo pueblerino se seque, la crueldad de una maestra que se olvida de él castigado porque las cabras se comieran su libro de texto, el amor de dos jóvenes que se fugan quedándose encerrados en la casa hasta consumar su amor, el dolor de la muerte de los seres queridos, el hurto en huertos ajenos para aplacar el hambre o el amor de un hijo a un padre son algunos de los muchos momentos que llenan esta película. Y ese hombre que, ya mayor y a punto de morir, recorre las calles de una Sicilia moderna y aparentemente desconocida, perdido y desubicado pero no asustado, rencarnado en la figura del niño que fue pero que ya nunca volverá a ser.

Las escenas de amor inundan la pantalla, los mitos y supersticiones, los paisajes de una isla tan bella. La vehemencia de los sicilianos y la expresividad de su lenguaje corporal nos dejan con los ojos de par en par. La habilidad del director  Giuseppe Tornatore reside en su talento para unir fantasía y realidad de acuerdo con los sentimientos que experimentamos, con los sueños de todos: un chico que vuela en un cielo plagado de nubes por la velocidad alcanzada, un hombre que consigue tocar las tres grandes piedras con una misma piedra o una mosca que, después de años encerrada en el centro de una peonza se alza al vuelo en un claro grito a la libertad.

Pero, lo más importante de todo no es la historia es sí, sino la belleza con la que es narrada, una belleza que muchas veces se camufla en su propia crudeza pero que está llena de matices, guiños, supersticiones y gestos típicos de esta cultura que es, por otra parte, tan similar a la de muchos pueblos españoles. 

viernes, 3 de agosto de 2012

The seducer's diary




The seducer’s diary. El diario de un seductor.  Este diario, publicado por el danés Søren Kierkegaard bajo un pseudónimo, forma parte de un volumen mayor llamado O lo uno o lo otro (Either/Or) en el que este filósofo expone su respuesta a una de las preguntas más esenciales para el ser humano ¿cómo deberíamos vivir? Para ello Kierkegaard presenta dos modelos de vida: el hedonista y el ético. Ya nos podemos imaginar a que modelo corresponde la obra que nos ocupa. El diario de un seductor es un relato fundamentalmente defensor de la vida hedonista y basado en la belleza así como  en el arte de la seducción.

He de reconocer que me ha gustado mucho este libro (¿ensayo quizás?) al igual que me temo que me siento muy identificada con la filosofía hedonista de Kierkegaard así como con gran parte de su teoría sobre la seducción (¡que no con toda!).

What does love love? Infinitud. –What does love fear? Limitation. 
¿Qué pretende el amor? Infinitud ¿Qué teme el amor? Limitación.

Este diario nos introduce en la filosofía estética (hedonista) de Kierkegaard a través de una historia de amor y seducción. La historia de un Johannes que se enamora (¿o más bien encapricha?) de Cordelia y que quiere amarla y ser amado por ella de acuerdo a su filosofía estética. Para ello se introducirá poco a poco en su vida a través de un conocido (otro pretendiente en realidad), fingiendo ser un hombre aburrido y poco atrayente. Será a partir de este momento que Johannes comience a inducir los pensamientos de Cordelia (aunque aún de manera superficial) a través de sus lecturas. Así la lleva a comenzar a sentirse a atraída por él, un hombre que sorprendentemente es mucho más atractivo de lo pensado. El siguiente estadio será el del compromiso. Es entonces que Johannes conduce el pensamiento de Cordelia a través de sus cartas y acciones llevándola a degradar mentalmente cualquier idea de compromiso. ¿La conclusión? Cordelia romperá el compromiso y los dos amantes se encontrarán una última vez para consumar su amor en la libertad más absoluta. Será por última vez que se encuentren porque una vez consumado el amor, la chispa del deseo, de la ilusión, desaparecerán para Johannes.

Llega por lo tanto el momento de reflexión: él dice amar a Cordelia pero, ¿no se trata, en cierta medida, de un juego, de un capricho, de otra conquista que añadir a la lista?

También me gusta mucho como Kierkegaard introduce de vez en cuando sus impresiones sobre otras chicas (especialmente ese día de viento en el que le pide a la ventisca que robe el sombrero al acompañante de la chica sobresaliente del día). Me gusta como es minucioso de principio a fin, como consigue todo aquello que quiere. No me gusta tanto el engaño, las artimañas que urge, aunque debo reconocer que me han impresionado bastante. También creo que su teoría está bien equivocada y que, si bien el amor debe existir en libertad y sin barreras de ningún tipo (menos aún las sociales del compromiso), la idea de que el amor es perecedero, de que la pasión e ilusión son finitos, me parece errónea. Por el contrario, estoy bastante convencida de que al amor hay que mimarlo: es como una buena cosecha o, más aún, como un buen vino: hay que dejarlo madurar, envejecer. Pero claro, esta es mi opinión.

En todo caso la teoría de Kierkegaard es muy interesante e, indudablemente, avanzada para su tiempo.

Como banda sonora, el último álbum de Sigur Ros, Valtari ha sido el mejor acompañante de este diario de seductor. Queda dicho.

domingo, 29 de julio de 2012

Remember me



Es la 1:15 de la madrugada. No es muy tarde; tampoco es temprano.

Después de una estúpida e insustancial pero más que agradable charla por teléfono he decidido ver una película que llevaba algún tiempo escondida en la memoria de mi ordenador y que, por un  motivo u otro nunca había visto: Remember Me; Recuérdame. Los restos de lágrimas aún me nublan la vista, la música de los créditos aún retumba en mis oídos.

Siempre he creído firmemente que no hay nada más importante que el comienzo y el desenlace de una historia: es el elemento clave. Y así lo es en esta película. Un brutal asesinato abre la escena de esta historia de amor y pérdida. Debo avisar de que no es una historia alegre. Tampoco es triste. Al menos no demasiado. El final... es tan repentino e inesperado pero al mismo tiempo tan apropiado que no puedo pensar en otro mejor.

Hace mucho tiempo que las historias de amor dejaron de ser chico conoce a chica. Y sin embargo, todas tienen los mismo factores: las sonrisas y miradas cómplices, las escenas de sexo (implícito o explícito), las historias de familia, en este caso tan tristes, y, sobre todo, esas dos palabras tan importantes: Te quiero. Me encanta la escena en la que esta declaración es realizada al fin, creo que por la naturalidad del momento. Además, la sonrisa de Ally (Emilie de Ravin) podría llenar la pantalla por sí misma.

Tampoco la banda sonora tiene desperdicio: Sigur Ros o Sparklehorse me han hecho sonreír y llorar.
La película en sí es casi perfecta, incluso la interpretación de Robert Pattinson como chico neoyorkino extravagante (interpretación de la que, debo admitir, yo tenía bastantes reticencias) es más que aceptable.

Sin embargo, como contrapunto, debo reconocer un error de la producción. ¿Qué fue de los efectos especiales en esa última imagen de Nueva York vista desde las alturas? ¿No podrían haberle dado un poco más de calidad a la imagen, algunas sombras, de manera que no fuera tan evidente que estábamos viendo un diseño de ordenador? Pero bueno… supongo que se perdona.

Por último quiero reconocer una última cosa: mientras que el vampiro nunca me gustó demasiado, este nuevo papel de extravagante violento de Robert Pattinson podría enamorarme fácilmente.

viernes, 27 de julio de 2012

El padrino I

"Someday, and that day may never come, I'll call upon you to do a service for me.
But until that day, accept this justice as a gift on my daughter's wedding day"


Después de toda una vida escuchando las recriminaciones de todos aquellos que me oían decir que jamás había visto esta película, anoche finalmente me senté a verla.

No sé si fue por la maravilla de que mis padres hayan montado un cine de verano particular en el patio de la casa de Linares, por la fría brisa que soplaba tras lo que había sido un asfixiante día de julio o, sencillamente, porque la película era en sí tan buena como siempre me dijeron, pero lo cierto es que me encantó. Probablemente fuera la mezcla de todas estas circunstancias.

La historia de guerra entre las diferentes familias de la mafia italiana asentadas en América me tuvo con la boca abierta durante las casi tres horas que dura la película. En particular, la actuación de Marlon Brandon y  un jovencísimo Al Pacino no es menos que admirable. Por algo, más de uno ve esta película como una obra de arte del cine.

Y esa magnifica recreación de la sociedad italiana: las bodas y celebraciones. La importancia de la familia, el amor, la comida.

Una de las cosas que me llamó la atención fue la violencia de la película (o más bien la ausencia de violencia). Desde el comienzo mi madre, sentada a mi lado, me advirtió: Que sepas que es una película dura, violenta. Es increíble (e incluso intolerable) la cantidad de violencia a la que los jóvenes de hoy en día estamos expuestos, una violencia gratuita y atroz que, desde muy jóvenes nos deja inmunes, nos deja de escandalizar. Es una triste realidad, pero es. En comparación con esta violencia actual, las escenas de El Padrino son mucho más limpias y dejan mucho a la imaginación de cada cual. Hay, por supuesto, escenas violentas explícitas pero que en nada se parecen a las actuales. Bueno, miento, en algo sí: la conclusión es la misma: asesinar.

Creo que (incluso si una vez analizado es un personaje despreciable) todo aquel que vea la película llegará a sentirse en cierta medida conmovido por la figura del Padrino: su amor por la familia, la creación de un imperio creado para ayudar a sus ahijados, su código de honor y su inteligencia no son expuestos en vano.

La banda sonora de la película es, por otra parte, uno de sus elementos claves. 

¡Buscando tiempo para ver la continuación de la saga!

viernes, 20 de julio de 2012

BLANKETS



Siempre pensé que una obra de arte (una verdadera obra de arte) es aquella que te hace sentir, aquella que te transmite cientos de emociones e impresiones. En este sentido, Blankets es una verdadera obra de arte: desde la primera hasta la última página; cada frase, cada dibujo.

Crecido en una pequeña y muy religiosa comunidad de Wisconsin, Craig Thompson se sirve de este cómic autobiográfico para contarnos la historia de su infancia y juventud, y lo hace con una sensibilidad conmovedora. A través de sus dibujos, el autor nos revela sus primeros años de vida: su relación con su hermano, con la religión y con su primer amor. De esta manera, nos conduce a través de su evolución personal, desde la más pura e inocente infancia hasta la juventud y el ansia de independencia que se verá finalmente conseguida.

Y, sin embargo, se trata, ante todo, de una historia de amor, del primer amor. Del amor de Craig Thomson por Raina y de Raina por Thompson. Del amor de dos jóvenes que encuentran en la compañía el apoyo necesario para continuar. Una historia que, sin embargo, real como la vida misma, termina por no funcionar. Una historia preciosa.

Otro de los temas más importantes de esta historia es la relación de Thompson con la religión que en Wisconsin es tan omnipresente. A través de las páginas nos revela la evolución de su fe desde el más puro convencimiento hasta la incredulidad de las escrituras de la iglesia.

Por otra parte, me parece que uno de los motivos por los que esta historia nos conmueve tanto reside en el hecho de que Craig Thompson es capaz de mostrarnos momentos dolorosos de sí mismo y de su vida en general; momentos probablemente traumáticos que deja al descubierto para su público. Momentos que probablemente todos hemos sentido en algún momento de nuestra etapa de crecimiento y con los que nos sentimos fácilmente identificados.

El nombre de esta novela no podría haber sido mejor escogido. BLANKETS. No sólo por la preciosa manta que Raina le regaló un día sino también por la sensación de recogimiento, de calidez con que la historia nos envuelve de principio a fin. A pesar del paisaje nevado que llena las páginas, esta novela nos hace sentir tan refugiados como una chimenea en marcha en una cabaña en el medio de un campo nevado.  

Es una obra realizada con el corazón y que llega directamente a lo más profundo de cada uno.

Si Blankets te ha emocionado, la novela gráfica Diario de Viaje, del  mismo autor, también te gustará.

Como segunda recomendación, prueba a leerla con el álbum Hurricane Glass de Catherine Feeny sonando en el estéreo. Bye!







miércoles, 18 de julio de 2012

Sputnik, mi amor.




La belleza del estilo de Haruki Murakami se puede apreciar desde la primera frase de cualquiera de sus libros. Un estilo que me produce curiosidad, la suficiente como para desear aprender japonés y comprobar si realmente sus palabras son tan bellas como las que el/la traductor/a reproduce. Y lo dice precisamente una estudiante de traducción.

Esta es la tercera historia de este aclamado escritor japonés que leo y  que me ha tenido entregada a la lectura en estas calurosas tardes de verano en Sevilla. Llevo días sin hacer poco más que leer en el bordillo de la piscina mientras la tarde cae lenta y despacio para convertirse en una noche sin viento, en una noche de julio más, como tantas otras.

Una vez más, Murakami trata la soledad humana y el ansia de amor de cada individuo. Desdibujando las fronteras entre la realidad y el mundo onírico, entre el gozo y la tristeza, esta historia nos transporta a una cultura completamente diferente a la nuestra y, sin embargo, con un corazón idéntico: aquí o en Japón todos seguimos siendo humanos, con sus sentimientos y agonías.

Esta historia en particular trata la historia de amor fallida entre tres individuos. El protagonista, tan similar al Watanabe de Tokio Blues (Norwegian Wood) y al mismo autor, está completamente enamorado de su mejor amiga que también le ama pero no puede sentir deseo hacia él sino hacía una mujer mayor de la que se enamora. Una mujer que, a su vez, es incapaz de sentir ningún tipo de deseo sexual hacia nadie. Así se crea este triángulo de amor correspondido pero lleno de insatisfacciones que llevarán a la tragedia final. Una tragedia que termina por resolverse en las últimas páginas del libro.

Habiendo empezado con un estilo realista poco propio de este autor, Murakami se hace notar con su estilo surrealista tan característico a medida que la trama avanza. Un libro tan lleno de metáforas y tan inverosímil (pero al mismo tiempo tan real, ¿quizás por lo detallistas de sus descripciones?) que no nos dejará indiferentes.

Para quien haya leído Tokio Blues, este libro es una buena continuación a la prosa de Murakami. Ya que no llega a plasmar sus extremos de rareza en ella, esta historia podría ser considerada como la indicada para comprender su escritura.

Una de las partes de este libro que más me ha gustado es esta reflexión sobre la soledad humana; aquí queda a la vista de quien quiera leerla:


¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Que necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aislan tanto las unas de las otras. ¿Para que? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?
Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en el la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavas en el cielo. Cerré los ojos, agudicé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraba, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.


NOTA: Escribo esto escuchando la maravillosa música de Jónsi y contemplando un espléndido atardecer desde mi balcón. Quien me conozca lo suficiente sabrá que este es sin lugar a dudas mi momento mágico del día.