martes, 5 de febrero de 2013

Un Mundo Feliz - Aldous Huxley



Tal y como se explica en la introducción de J. Estelrich, Un Mundo Feliz es una historia de personajes fuera de lo corriente integrados en un contexto completamente innovador, gran exponente de la ciencia ficción. Y como novela científica que es, no es en la historia en sí donde reside el interés de lo contado –a mi entender la historia en sí no tiene nada de extraordinario– sino en el contexto creado y en el dilema moral que este contexto (el de un mundo feliz) crea en el lector.

Aldous Huxley nos presenta una nueva concepción del mundo que se caracteriza por una felicidad imperante. Esto se debe a que en este momento del mundo (momento ubicado en un futuro algo lejano aunque no demasiado) todos los humanos son acondicionados desde embriones para alcanzar un estado de satisfacción absoluta durante sus vidas. En este mundo, la sociedad está dividida en diferentes clases (alfas, betas, gammas y epsilones) y, lo sorprendente es que un beta, siendo inferior a un alfa, nunca querrá ser uno de estos pues desde embrión se le ha acondicionado para estar satisfecho de este modo. Así, por ejemplo, aquellos epsilones escogidos desde embriones para la vida en los trópicos así como para el trabajo en las minas, son acondicionados caloríficamente, esto es, son incubados en túneles fríos lo cual les lleva a desear el calor una vez adultos.

Y he aquí –dijo el Director sentenciosamente– el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que hay obligación de hacer. Tal es el fin de todo el acondicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá librarse.

En este nuevo mundo, se abolen las relaciones íntimas y el sexo es completamente libre y comunitario; los niños son creados artificialmente y educados en centros eliminando así completamente toda concepción de familia; y la vejez y la muerte son vistas de manera natural ya que todos los humanos son eliminados al cumplir sesenta años y a los niños se les incita a jugar en presencia de aquellas personas a punto de morir (¿o deberíamos decir a punto de ser eliminadas?). La droga predominante en este mundo, por otra parte, es el soma, suministrado por el gobierno mismo (al fin y al cabo el opio siempre ha hecho callar al pueblo, ¿no?). Por último, la forma en la que este nuevo mundo está orientado absolutamente hacia el consumo (de ahí su nombre, Fordiano, del mismo Henry Ford) hace evidente que en el momento en el que Huxley lo escribió, 1932, aún no existía ninguna necesidad de una conciencia ecológica tan potente como la actual.

Claro que, puestos a elegir, ¿qué es mejor? ¿Un mundo en el que todos los seres humanos son acondicionados desde embriones para alcanzar la felicidad o un mundo como el actual en el que, viviendo en libertad (o desde luego en un estado de mayor libertad que en el Estado Fordiano), somos infelices y vivimos insatisfechos la mayor parte del tiempo, llenos de pasiones y temores? ¿Llega el fin a justificar los medios? ¿Acaso no estamos en el mundo para ser felices? Es más, ¿es cierto eso que dicen de que la soledad, el temor y la insatisfacción nos enseñan algo? Sin ninguna duda que sí pero, ¿es esta enseñanza necesaria en todo caso? Tras haber leído el libro al completo aún soy incapaz de decantarme por una de las dos posibilidades.

Sin embargo, bien es cierto que, en este nuevo mundo ajeno al conocimiento, la sabiduría, la espiritualidad y, en otras palabras, la cultura humanística, la vida transcurre con una precisión matemática que no deja cabida alguna a los verdaderos placeres.  Esta felicidad proclamada por Huxley parece, en todo caso, una felicidad ficticia y monótona; una felicidad que, además, está dirigida por el Estado. No querría ni imaginarme la posibilidad de un mundo Fordiano en la actualidad, aunque no me cabe duda de que a nuestros políticos les encantaría: tener a toda la población ignorante y feliz mientras ellos hacen lo que de todas formas ya hacen, lo que les da la gana.

domingo, 20 de enero de 2013

El Exótico Hotel Marigold


“Todo va a salir bien. Y si no sale bien, es porque todavía no es el final”

Envejecer es una realidad que nos asusta a todos, más aún si en nuestra madurez tiene lugar algún acontecimiento que nos cambia la vida por completo. Este es el caso de los singulares personajes de esta película: una mujer ya entrada en años que necesita una operación de cadera (y un profundo cambio de mentalidad); una pareja desestructurada pero terriblemente asustada de esa separación que tanto necesitan; una mujer que, ya en su vejez, enviuda tras cuarenta años de matrimonio, teniendo que, por primera vez en su vida, seguir su camino sin un guía; otra mujer que, de marido en marido, lo que realmente busca es la serenidad de sentirse a gusto consigo misma; un homosexual que busca a su amor perdido; y, por último, otro hombre que, ya en su vejez, se siente irremediablemente solo.

Y esta es la historia en la que todos estos personajes coinciden en la misma fantasía: viajar a la India para seguir adelante en el Exótico Hotel Marigold, más una fantasía que una realidad. Y, sin embargo, esta es la película en la que esta fantasía se convierte en realidad. La India los cambiará a todos dándoles fuerzas para enfrentarse a sus problemas, y solucionarlos. Al fin y al cabo, como ya dicen repetidamente a lo largo de la película: “todo va a salir bien, y si no sale bien es porque todavía no es el final”.

Claro que también, El Exótico Hotel Marigold ahonda en un tema más profundo y oscuro: la manera en que muchos ancianos se sienten desubicados en el mundo de hoy, un mundo gobernado por jóvenes que, entre otras cosas, no comprenden a sus padres, no los utilizan más que como fuentes de dinero, y, en definitiva, tratan sin respeto a esa generación que les dio la vida.

Sin embargo, ante todo, esta es una película que transmite felicidad y optimismo y que trata de enseñarnos a todos a vivir de una manera más honesta con nosotros mismos. Y todo esto ubicado en el maravilloso paraíso hindú que nos hace querer perdernos en los atardeceres dorados: El Exótico Hotel Marigold. 


jueves, 27 de diciembre de 2012

El amor en los tiempos del cólera




Si la hazaña de pasar cinco años de su vida esperando y creando una fortuna para conquistar a Daisy que el Gran Gatsby hizo por amor ya nos pareció sobrecogedora, que decir de los cincuenta años que esperó Florentino Ariza para que Fermina Daza terminará en sus brazos: la hazaña de lograr que su amada, una mujer ya anciana y recién enviudada,  encontrara un nuevo deseo de vivir en el ocaso de su vida.

El amor en los tiempos del cólera es un libro sin desperdicio alguno. Desde la primera página nos transporta al mundo del siglo XIX, un mundo de descubrimientos en el que los automóviles, vuelos en globo y viajes a París son vistos como las tendencias más ambiciosas del momento. Ubicada en un lugar conocido como la Manga (nombre ficticio para la real ciudad de Cartagena, Colombia), el amor en los tiempos del cólera es una de las tantas novelas caracterizadas por el Realismo Mágico propio de mucha de la literatura de finales de siglo en Sudamérica.

A diferencia del famoso Cien años de soledad, esta novela narra la historia de una sola generación, eso sí, una vez más centrándose en todos y cada uno de los personajes que la componen: especialmente en la deseada Fermina Daza, en su marido el doctor Juvenal Urbino y en su más fiel pretendiente Florentino Ariza, el cual invierte toda su vida pensando en ella y esperando a la muerte de su esposo para poder conquistarla finalmente. Sin embargo, Florentino Ariza nunca contó con la realidad de que, para entonces, no serían más que un par de ancianos más cercanos a la muerte que a la vida que él tanto pretende.

No cabe duda de que lo más maravilloso del libro es la habilidad del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez para enlazar una historia con la siguiente y con la siguiente y así hasta perder la cuenta. Y la maravilla de seguir la vida de decenas de personajes que el autor utiliza, entre otros recursos, para lanzar guiños al lector. Resulta, además, de lo más placentero que, una vez más, una novela de 1985 nos emocione mucho más que la mayoría de las historias actuales.  

miércoles, 19 de diciembre de 2012

American Beauty



Ganadora de cinco Oscar en 1999, incluido el de mejor película


American Beauty. Una historia desgarradora desde la primera escena… hasta la última. La historia de la misma soledad humana: de todos y cada uno de sus personajes. De la insatisfacción de una vida que resulta ser una decepción. La tristeza de despertar una mañana y no reconocerte a ti mismo porque te has convertido en todo aquello que nunca pudiste imaginar, y te miras en el espejo, y no te gusta lo que ves: un ser reprimido de todo aquello que algún día pudo darte la más mínima satisfacción.

Pero American Beauty también es la historia del despertar. Un despertar tan agradable que nos llevará de nuevo a la juventud; un despertar que nos alejará de todo aquello que nos entristece y nos abrirá todas aquellas posibilidades que nos ayudan a ser más felices. American Beauty es la historia de un despertar repentino a la vida. Es una historia que muestra la belleza del mundo en sus actos más fatales. Porque, al fin y al cabo, cuando miras la miseria de cerca, tan de cerca que puedes olerla, tocarla, entonces, a veces, sientes que miras al todo y que ese todo (todo que algunos identifican con Dios) te devuelve la mirada. Y no hay nada más bello en el mundo que ese momento de conexión suprema.

Y así es como Lester, interpretado por el increíble Kevin Spacey, concluye:

“Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma, mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero, recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella. Y entonces fluye a través de mí, como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro, pero no se preocupen: algún día la tendrán”.

La banda sonora, por otra parte, del célebre compositor Thomas Newman, no tiene desperdicio. Además está disponible en Spotify. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Showcase - El Callejón de las Artes




“Os propongo una reflexión –presentó Christian Nila, artista del Callejón de las Artes, a modo de apertura del espectáculo– Si la vida es teatro y el teatro es un juego de máscaras, ¿no es la vida más que un juego de máscaras?”

Ayer, por primera vez, tuve la oportunidad de asistir a uno de los espectáculos, en este caso un showcase, del Callejón de las Artes, con la excusa de que Elena Moreno –cantante, pianista, compositora y prima mía– participaba en la actuación.
A pesar de la prolongada duración del espectáculo, tres horas, la función fue maravillosa. A cada actuación, el público quedaba sorprendido por una delicia más. Artistas de todos los tipos y edades se unían para dar vida a diferentes personajes, todos ellos presentados por un monólogo con el que se trataba de contestar a la difícil pregunta de: ¿Por qué ser un artista?; monólogos, al mismo tiempo, conmovedores por las experiencias y ambiciones personales de las que los diferentes artistas nos hacían partícipe.
Canciones, pequeñas funciones teatrales, danzas e incluso una improvisación de clarinete fueron sucediéndose unas a otras, para dar fin a la función con un alegre “Oh Happy Day” que nos dejó a todos con una agradable sensación de satisfacción.

El Callejón de las Artes (http://elcallejondelasartes.wordpress.com/) es una asociación donde se ofrecen talleres de cante, danza, interpretación o práctica de instrumentos como piano y guitarra, entre otros. Recomendado para cualquier persona interesada en la expresión artística.

Asimismo, el espectáculo, además de gratuito, tuvo lugar en un agradable ambiente propiciado por el restaurante “Sevilla de Ópera”, en el interior del Mercado del Arenal, a unos cinco minutos de la Maestranza, pleno centro Sevillano.

Solo me queda decir, gracias a todos aquellos que hicieron posible este espectáculo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Savages



Es increíble como, en un par de horas, esta película se ha convertido directamente en una de mis favoritas.

Marihuana, sexo y violencia llenan la pantalla en un escenario que, dirigido por Oliver Stone, podría ser digno del mismo Tarantino. Savages… “I’m not sure that there can be three people equally in love. It just doesn’t work that way. I looked up at the definition of savages. It means who crumple, regress back to a primary state of being. One day, maybe, we will be back but now we just live like savages. Beautiful savages”.

Se trata de una historia ubicada en el más idílico ambiente californiano: la utopía de una vida guiada por la industria de la marihuana, la posibilidad de  compartir tu amor con dos personas al mismo tiempo y dirigir tu vida siguiendo el camino que mejor te parezca en cada momento. Chon (Taylor Kitsch) es un exmilitar que ama la violencia como parte de su vida diaria; Ben (Aaron Johnson) es un hippie moderno con ideas pacifistas de paz y amor. Será Ophelia (Blake Lively), protagonista y narradora de esta historia, el elemento que haga posible la unión entre ambos personajes formando un trío único y perfecto. Sin embargo, como toda historia idílica esta harmonía no durará mucho tiempo y la trama se complicará en una intensa aventura que acelerará nuestro pulso con una buena dosis de adrenalina.

Pero no solo la temática no podría ser mejor: la banda sonora y el reparto no se quedan atrás. La interpretación de actores como Salma Hayek, John Travolta y Benicio del Toro nos lleva, película desde el primer momento, a sumergirnos de lleno en esta trepidante.

El final, por otra parte, no podría ser más espectacular; la historia dará un último giro que no dejará a nadie indiferente. Y tener ese “Here comes the Sun” como canción de cierre no puede menos que dejarnos con una sonrisa en la boca y con ganas de experimentar esa idílica realidad del surf, el atardecer, la relajación y el sexo. 


domingo, 16 de septiembre de 2012

Waking Life



El domingo pasado un buen amigo mío decidió comprar un sofá para su habitación y, ¿qué mejor manera de celebrarlo que comiendo palomitas y viendo una película en buena compañía?

DREAM IS DESTINY. Con estas palabras Richard Linklater da comienzo a Waking Life: una excelente y filosófica película en la que  la palabra argumento pierde su significado y las imágenes adquieren tanto significado como las palabras empleadas.

A decir verdad, si alguien me preguntara por el argumento de esta película no sabría exactamente qué responder; ¿Es el sueño de un chico? ¿La historia de un chico que está soñando y todas las fases por las que su sueño pasa? ¿La evolución del sueño? En realidad, podría definir esta película como la suma de conversaciones  con gente de lo más variopinta que tienen lugar en la mente de un chico que está soñando. Conversaciones filosóficas sobre la vida y los mismos sueños. Sobre el significado del universo. Sobre el lenguaje y los sentimientos.

Los sueños es un tema sobre el que todo pensador ha reflexionado desde tiempos inmemorables. Como ya decía Descartes, ¿quién nos asegura que estamos despiertos y no durmiendo? Asimismo, en Waking Life surge la duda: ¿son los sueños mejores que la realidad? A veces en las que podría apostar que sí.

La calidad de las imágenes, por otra parte, es increíble; imágenes a veces tan llamativas que para seguir el hilo de la conversación hace falta cerrar los ojos. Y es que las personas se vuelven dibujos en esta película; dibujos que curiosamente van perfectamente con la evolución de la película y, así, con la evolución del sueño. Los dibujos se volverán más y más surrealistas a medida que el sueño sea más profundo, tal y como pasa en la realidad.

Personalmente siempre me ha interesado el tema de los sueños. Me parece increíble como nuestro cerebro funciona de manera completamente diferente, permitiéndonos experimentar las situaciones más inverosímiles. Ojalá siempre pudiéramos tener sueños lúcidos, de esos en los que te das cuenta de que estás soñando y eres tú quien decide lo qué va a pasar.

A pesar de ser una de mis películas preferidas, me abstengo de recomendarla a todo el mundo pues es una película rara y diferente, en la que serán las conversaciones las que llenen de sentido la escena. Conversaciones tan aleatorias como aquella en la que una mujer explica la incoherencia de nuestro lenguaje: un lenguaje inerte que trata de abarcar lo intangible, las emociones. O aquella otra en la que una pareja reflexiona sobre qué pasa en esos últimos ocho minutos de actividad cerebral después de muertos en los que, quién sabe, quizás pueda ser cómo un sueño. Un sueño que, en esos ocho minutos, te permite recrear una vida completamente de cero. Es curioso pensar cómo esta reflexión me hizo perderle el miedo a la muerte.

Para cualquier interesado, dejo un link donde se pueden encontrar las transcripciones de todas y cada una de las conversaciones de la película: