jueves, 13 de junio de 2013

Una mente maravillosa



Aquí estoy, a la 1:25 de la mañana, tumbada en la cama y escuchando la increíble banda sonora de “Una mente maravillosa” compuesta por James Horner. Contra todo pronóstico no estoy nada cansada, será que la perspectiva de estar de vacaciones me sienta bien.

Esta noche, después de dar mis clases particulares he decidido ver la película de “Una mente maravillosa”, la cual ya había visto innumerables años atrás pero de la cual no podía recordar apenas nada. Debo reconocer que me ha gustado mucho más de lo que hiciera la primera vez. El amor por las ciencias y por las matemáticas; la incansable persecución de una idea: la idea –esa única idea original que sería la clave y solución de todos los demás problemas. Al fin y al cabo fue el propio John Forbes Nash quien publicó una tesis doctoral de menos de treinta páginas: ahí iría su idea, esa que años más tarde le permitiría alcanzar el Premio Nobel.

También se cuenta en “Una mente maravillosa” la historia de una obsesión, de una locura, de una paranoia. John Forbes Nash fue un genio, sí, pero su increíble mente también tuvo una parte oscura. John Nash padecía una esquizofrenia que le obligó a pasar largos períodos de su vida encerrado y con una dura medicación. Afortunadamente, esto no le hizo perder del todo su vida y, poco a poco, este magnífico matemático consiguió solventar sus problemas por sí mismo así como superar sus paranoias, aceptarlas como parte de su propio día, limitarlas, ignorarlas.

Esta película nos muestra la lucha personal contra una enfermedad; la lucha de una persona en favor al amor: amor por la vida, por las ciencias, por los seres queridos, por la culminación de una teoría.


Probablemente John Nash fuera un incomprendido, no tuviera muchos amigos y fuera reservado, egocéntrico, poco tratable; sin embargo, como todo genio, su mente estuvo siempre llena de maravillas, de sueños, de ambiciones; de éxito. 

domingo, 9 de junio de 2013

El circo de las mariposas



El culmen de un gran fin de semana. Debo reconocer que, cuando este viernes terminé los exámenes ni siquiera era consciente de que ya iba a estar de vacaciones. Y bueno sí, ya estoy de vacaciones. El semestre ha pasado en un pestañeo, las clases, las salidas y, afortunadamente, también los exámenes. Y ahora ya: SOY LIBRE.

Esta tarde, después de pasar un fin de semana de celebración (y del que doy gracias al maravilloso festival ACTÚA 2013 Sevilla), he visto uno de mis cortometrajes preferidos –de hecho, aunque esta haya sido la segunda o tercera vez que lo veo, no he podido evitar dejar caer unas cuantas lágrimas de emoción.

“El circo de las maravillosas” es un cortometraje de cine independiente
con una gran enseñanza que nos recuerda que las mariposas no siempre lo fueron: las mariposas nacieron siendo gusanos. Y, aunque personalmente no creo que en la vida real haya que ser un gusano para ser una mariposa, sí que creo que un gusano PUEDE convertirse en una mariposa: solo tiene que desearlo, intentarlo, ponerle empeñó, luchar y, sobre todo CREERSE una mariposa. Son solo veinte minutos de vídeo y, de veras que merece la pena.


Os dejo aquí el enlace desde el que se puede acceder directamente al corto con subtítulos en español. ¡La calidad no es muy buena pero el contenido es tan bonito que eso tampoco es relevante!

domingo, 19 de mayo de 2013

AWAY WE GO o UN LUGAR DONDE QUEDARSE





Hay películas de todo tipo. Policíacas, de aventuras, románticas, comedias, maravillosas críticas al mundo, increíbles documentales con increíbles imágenes de la Tierra, del Océano, de las personas. También hay películas en las que cada escena cuenta, películas en las que cada diálogo es tan aleatorio y al mismo tiempo tan cierto, tan espontáneo, tan fuera de lo común… Películas que te hacen sentir vivo y feliz por ello. Esas son mis películas preferidas: donde la trama no es tan importante, donde el final pierde su importancia, la cual queda cedida a cada minuto, a cada imagen y cada conversación. Donde no cuesta nada pasar de la risa a las lágrimas. Away we go es una de esas películas.

Away we go es la historia de una pareja que, a punto de tener a su primer hija, se da cuenta de que en realidad aún tiene que encontrar las mejores condiciones para este pequeño ser al que todo quieren ofrecer. Y por ello, con un embarazo de seis meses a cuestas, deciden visitar a cuantos conocidos tienen a todo lo largo de los EEUU hasta encontrar el lugar adecuado para ello. Y lo que encuentran es todo aquello que no quieren para su familia. Y todo aquello que sí que quieren. Y también encuentran que son solo ellos dos los que cuentan para hacer de su vida todo aquello que quieren hacer de ella. Para darle a su bebé todo lo que se merece. Para darse a sí mismos todo aquello que necesitan. Porque si una persona no es nada sin amor tampoco lo es una pareja. Menos aún una familia. Qué hablar de una comunidad. El mundo entero no es nada sin amor, parece ser.

Si Sam Mendes ya me deslumbró con la película Revolutionary Road, ahora ya me ha alucinado. Con una genial banda sonora disponible en Spotify. ¡Espero que os guste!

NOTA: Como traductora en formación soy incapaz de dejar pasar la oportunidad de resaltar lo maravilloso de esta profesión: dos títulos perfectos, tanto el inglés como el español y, sin embargo, ¡¡son completamente opuestos!!

domingo, 31 de marzo de 2013

Rayuela




"...y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico"

Me comencé a leer Rayuela un día de sol, sentada junto al río –sentada en las duras rocas de detrás del monumento de la Tolerancia de Chillida, más concretamente. De esto han pasado aproximadamente dos meses: creo que nunca me he leído un libro que me haya gustado tantísimo y que, sin embargo, haya tardado tanto tiempo en terminar. Aún, en abstracto, me parece un poco incoherente que un libro que me ha llenado tanto y me ha producido tantísimas emociones me haya resultado, al mismo tiempo, tan difícil y vasto de leer. No espero que entendáis de qué hablo a no ser que vosotros también lo leáis.

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

La historia de la Maga y Oliveira y del Club de la Serpiente me enamoró desde el principio, permitiéndome perderme en esas brumas de humo del París de la bohemia. Desde la primera página, sentí una conexión instantánea con las ideas de Cortázar, ideas que me llevaron a sentirme completamente identificada con la vida de sus personajes; vidas que, a decir verdad, nada tienen que ver con la mía. No lo puedo negar, esta novela me ha pillado en un momento de mi vida en el que todo parece estar bien y las preocupaciones apenas ocupan lugar. 

Y qué decir de la estructura del libro. Debo reconocer que es algo que me entusiasmó desde el primer momento. También influyó el hecho de llevar a cabo la lectura desde una edición barata naufraga de la juventud de mi madre: al primer día de llevar el libro en la mochila, este, ni corto ni perezoso, se descompuso en cuatro partes. Esto ha terminado en que, el hecho de leer este libro haya sido una auténtica experiencia: no solo los capítulos iban en un orden completamente arbitrario, fuera de toda lógica convencional, sino que además, para pasar de capítulo en capítulo, tenía asimismo que pasar de uno de los cuatro tomos del libro, a otro y a otro. Así sucesivamente.

A decir verdad, muchos de los capítulos prescindibles tienen poco que ver con la historia en sí. Durante la lectura del libro he sido incapaz de precisar si estos breves incisos eran, en algún modo, metáforas o nuevas perspectivas de la misma realidad contada solo que, con la idea de aportar al lector una visión completamente innovadora y original o si, por el contrario, simplemente hacían referencia a una nueva realidad, a otro hecho o acontecimiento, para nada relacionado con la historia central y cuya función se basa en traer un soplo de aire fresco –y literario, artístico, filosófico, etc.– a la historia central de Oliveira. Aún ahora, una vez terminada la novela, soy incapaz de decantarme por una de las dos opciones.

El hecho de que Julio Cortázar represente a los estratos más marginados de la sociedad sin apenas pestañear y con la pluma firme, en situaciones grotescas y esperpénticas, también es de lo más fascinante: vagabundos, borrachos, mugre e incluso locos de manicomio inundan las páginas de principio a fin y ese es, sin duda, uno de los encantos de la novela.

Otro de los elementos más interesantes de esta historia es la continua impresión de que, más que leer una historia de primera mano, estamos leyendo una novela comentada. Más aún, la impresión de que no nos hallamos más que ante una historia contada por alguien que, desde fuera de la ventana, ve y narra los acontecimientos que suceden en el interior de la estancia.

Rayuela es un libro lleno de recovecos que, desafortunadamente, ni la más atenta de las lecturas puede desentrañar en su totalidad. Arte, filosofía, literatura, experimentación, sentimientos y lenguaje (por favor no os perdáis el capítulo 68) se entremezclan en esta obra para dar lugar a una novela apta para todos, en todo momento. Rayuela es perfecta para ver la vida desde otro prisma:

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas  y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan como ingredientes una piedrita y la punta de un zapato"

Sea como sea, Rayuela es un libro de cabecera al que mil veces se podrá recurrir, mil veces se le podrán sacar nuevos sentidos, nuevas imágenes. Una sola lectura no basta.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Lost in translation




A veces no nos damos cuenta de lo perdidos que nos encontramos hasta que conocemos a otra persona que está igual de perdida que nosotros.

Tokio es una de las mayores ciudades del mundo. Sin embargo, ellos dos se sientes solos y alejados de casa. Lost in translation no solo nos muestra el sentimiento de pérdida producida por el shock cultural de esa cultura nueva sino que también nos abre los ojos ante esa realidad en la que mucha gente se encuentra: el sentimiento de soledad más absoluto. La inseguridad de estar con la persona indicada. ¿Realmente seguimos amando a nuestro compañero? ¿A nuestro marido o esposa? ¿De verdad?

Bob Harris (Bill Murray) es un actor frustrado que se encuentra en Tokio para hacer sesiones publicitarias de whiskey. Está casado y se nota que aún ama a su mujer pero que, al llegar los hijos su vida ha entrado en la tranquilidad y monotonía de la madurez. Charlotte (Scarlett Johansson) es una chica joven cuyo marido, un fotógrafo, se pasa todo el día trabajando en Tokio sin apenas prestarle atención. Bob y Charlotte se sienten solos en sus grandes y lujosas habitaciones de hotel y entre ellos se establece una extraña relación afectuosa de comprensión mutua. Sin importar el pasado o el futuro, sin importar la diferencia de edad. Nada importa: solo que, al estar juntos, ya no se sienten solos. Parece que eso es suficiente.

Y luego está esa noche que salen de fiesta. Tan larga, extraña y, en cierto modo, algo surrealista. Con una música y unas imágenes geniales, todo el potencial de esta grande, extraña y, en cierto modo, surrealista ciudad se refleja a la perfección. Aquí dejo una foto de mi escena preferida de la película.



Recomendada como una de esas películas especiales difíciles de encontrar

lunes, 11 de marzo de 2013

Rosa Candida


Rosa Candida - Audur Ava Ólafsdóttir

Hace ya unas semanas que fui a pasar la mañana en IKEA con mi madre. Ella iba buscando toallas nuevas, yo quería un quemador de velas que había visto en un restaurante y me había encantado. Fue entonces que me habló de este libro. Sus palabras textuales fueron estas:

-Carmen, te tienes que leer ese libro. A medida que lo lees te sientes como en una tienda IKEA, llena de sencillez, simplicidad y calidez.

Bueno, o algo así.

Y sí, leer Rosa Candida es un poco como pasear por una tienda IKEA en una mañana sin mucha gente. Fuera puede estar lloviendo a cántaros, pero adentro siempre sientes la calidez y la ligereza propias de los países del norte.

Rosa Candida es la historia de amor de un par de jóvenes que tienen una hija. Sin embargo, debo especificar que la hija ya la tenían cuando se enamoran. Se trata de un desliz de, como describe Lobbi, “una cuarta parte de la noche, una quinta parte se acercaría aún más a la realidad”. Es una historia dulce y extremadamente sensible. Claro que no se trata solo de una historia de amor, en realidad, más que eso, es la historia de Lobbi, un personaje entrañable, apasionado de la jardinería, que, recién acontecida la muerte de su madre, decise marcharse al extranjero para arreglar un jardín de rosas y, fundamentalmente, para encontrarse a sí mismo. Resulta increíble cómo de inestable es el género humano, no existe persona que no se haya sentido perdida alguna vez en el mundo. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? no es únicamente un cuadro del postimpresionista Gauguin sino que es la realidad misma de toda nuestra raza. Afortunadamente Lobbi es capaz de encontrarse en su hija, un bebé de seis meses y medio que enamora a la gente con su sonrisa y vitalidad.

Rosa Candida es, además, el nombre de una de las especies de rosas que Lobbi decide plantar en el nuevo jardín. Una rosa de ocho pétalos e inofensiva por su falta de espinas. Tan inocente como su dueño y tan bella como su hija. 


martes, 5 de febrero de 2013

Un Mundo Feliz - Aldous Huxley



Tal y como se explica en la introducción de J. Estelrich, Un Mundo Feliz es una historia de personajes fuera de lo corriente integrados en un contexto completamente innovador, gran exponente de la ciencia ficción. Y como novela científica que es, no es en la historia en sí donde reside el interés de lo contado –a mi entender la historia en sí no tiene nada de extraordinario– sino en el contexto creado y en el dilema moral que este contexto (el de un mundo feliz) crea en el lector.

Aldous Huxley nos presenta una nueva concepción del mundo que se caracteriza por una felicidad imperante. Esto se debe a que en este momento del mundo (momento ubicado en un futuro algo lejano aunque no demasiado) todos los humanos son acondicionados desde embriones para alcanzar un estado de satisfacción absoluta durante sus vidas. En este mundo, la sociedad está dividida en diferentes clases (alfas, betas, gammas y epsilones) y, lo sorprendente es que un beta, siendo inferior a un alfa, nunca querrá ser uno de estos pues desde embrión se le ha acondicionado para estar satisfecho de este modo. Así, por ejemplo, aquellos epsilones escogidos desde embriones para la vida en los trópicos así como para el trabajo en las minas, son acondicionados caloríficamente, esto es, son incubados en túneles fríos lo cual les lleva a desear el calor una vez adultos.

Y he aquí –dijo el Director sentenciosamente– el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que hay obligación de hacer. Tal es el fin de todo el acondicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá librarse.

En este nuevo mundo, se abolen las relaciones íntimas y el sexo es completamente libre y comunitario; los niños son creados artificialmente y educados en centros eliminando así completamente toda concepción de familia; y la vejez y la muerte son vistas de manera natural ya que todos los humanos son eliminados al cumplir sesenta años y a los niños se les incita a jugar en presencia de aquellas personas a punto de morir (¿o deberíamos decir a punto de ser eliminadas?). La droga predominante en este mundo, por otra parte, es el soma, suministrado por el gobierno mismo (al fin y al cabo el opio siempre ha hecho callar al pueblo, ¿no?). Por último, la forma en la que este nuevo mundo está orientado absolutamente hacia el consumo (de ahí su nombre, Fordiano, del mismo Henry Ford) hace evidente que en el momento en el que Huxley lo escribió, 1932, aún no existía ninguna necesidad de una conciencia ecológica tan potente como la actual.

Claro que, puestos a elegir, ¿qué es mejor? ¿Un mundo en el que todos los seres humanos son acondicionados desde embriones para alcanzar la felicidad o un mundo como el actual en el que, viviendo en libertad (o desde luego en un estado de mayor libertad que en el Estado Fordiano), somos infelices y vivimos insatisfechos la mayor parte del tiempo, llenos de pasiones y temores? ¿Llega el fin a justificar los medios? ¿Acaso no estamos en el mundo para ser felices? Es más, ¿es cierto eso que dicen de que la soledad, el temor y la insatisfacción nos enseñan algo? Sin ninguna duda que sí pero, ¿es esta enseñanza necesaria en todo caso? Tras haber leído el libro al completo aún soy incapaz de decantarme por una de las dos posibilidades.

Sin embargo, bien es cierto que, en este nuevo mundo ajeno al conocimiento, la sabiduría, la espiritualidad y, en otras palabras, la cultura humanística, la vida transcurre con una precisión matemática que no deja cabida alguna a los verdaderos placeres.  Esta felicidad proclamada por Huxley parece, en todo caso, una felicidad ficticia y monótona; una felicidad que, además, está dirigida por el Estado. No querría ni imaginarme la posibilidad de un mundo Fordiano en la actualidad, aunque no me cabe duda de que a nuestros políticos les encantaría: tener a toda la población ignorante y feliz mientras ellos hacen lo que de todas formas ya hacen, lo que les da la gana.