domingo, 31 de marzo de 2013

Rayuela




"...y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico"

Me comencé a leer Rayuela un día de sol, sentada junto al río –sentada en las duras rocas de detrás del monumento de la Tolerancia de Chillida, más concretamente. De esto han pasado aproximadamente dos meses: creo que nunca me he leído un libro que me haya gustado tantísimo y que, sin embargo, haya tardado tanto tiempo en terminar. Aún, en abstracto, me parece un poco incoherente que un libro que me ha llenado tanto y me ha producido tantísimas emociones me haya resultado, al mismo tiempo, tan difícil y vasto de leer. No espero que entendáis de qué hablo a no ser que vosotros también lo leáis.

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

La historia de la Maga y Oliveira y del Club de la Serpiente me enamoró desde el principio, permitiéndome perderme en esas brumas de humo del París de la bohemia. Desde la primera página, sentí una conexión instantánea con las ideas de Cortázar, ideas que me llevaron a sentirme completamente identificada con la vida de sus personajes; vidas que, a decir verdad, nada tienen que ver con la mía. No lo puedo negar, esta novela me ha pillado en un momento de mi vida en el que todo parece estar bien y las preocupaciones apenas ocupan lugar. 

Y qué decir de la estructura del libro. Debo reconocer que es algo que me entusiasmó desde el primer momento. También influyó el hecho de llevar a cabo la lectura desde una edición barata naufraga de la juventud de mi madre: al primer día de llevar el libro en la mochila, este, ni corto ni perezoso, se descompuso en cuatro partes. Esto ha terminado en que, el hecho de leer este libro haya sido una auténtica experiencia: no solo los capítulos iban en un orden completamente arbitrario, fuera de toda lógica convencional, sino que además, para pasar de capítulo en capítulo, tenía asimismo que pasar de uno de los cuatro tomos del libro, a otro y a otro. Así sucesivamente.

A decir verdad, muchos de los capítulos prescindibles tienen poco que ver con la historia en sí. Durante la lectura del libro he sido incapaz de precisar si estos breves incisos eran, en algún modo, metáforas o nuevas perspectivas de la misma realidad contada solo que, con la idea de aportar al lector una visión completamente innovadora y original o si, por el contrario, simplemente hacían referencia a una nueva realidad, a otro hecho o acontecimiento, para nada relacionado con la historia central y cuya función se basa en traer un soplo de aire fresco –y literario, artístico, filosófico, etc.– a la historia central de Oliveira. Aún ahora, una vez terminada la novela, soy incapaz de decantarme por una de las dos opciones.

El hecho de que Julio Cortázar represente a los estratos más marginados de la sociedad sin apenas pestañear y con la pluma firme, en situaciones grotescas y esperpénticas, también es de lo más fascinante: vagabundos, borrachos, mugre e incluso locos de manicomio inundan las páginas de principio a fin y ese es, sin duda, uno de los encantos de la novela.

Otro de los elementos más interesantes de esta historia es la continua impresión de que, más que leer una historia de primera mano, estamos leyendo una novela comentada. Más aún, la impresión de que no nos hallamos más que ante una historia contada por alguien que, desde fuera de la ventana, ve y narra los acontecimientos que suceden en el interior de la estancia.

Rayuela es un libro lleno de recovecos que, desafortunadamente, ni la más atenta de las lecturas puede desentrañar en su totalidad. Arte, filosofía, literatura, experimentación, sentimientos y lenguaje (por favor no os perdáis el capítulo 68) se entremezclan en esta obra para dar lugar a una novela apta para todos, en todo momento. Rayuela es perfecta para ver la vida desde otro prisma:

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas  y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan como ingredientes una piedrita y la punta de un zapato"

Sea como sea, Rayuela es un libro de cabecera al que mil veces se podrá recurrir, mil veces se le podrán sacar nuevos sentidos, nuevas imágenes. Una sola lectura no basta.

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