Aquí estoy, a la 1:25 de la
mañana, tumbada en la cama y escuchando la increíble banda sonora de “Una mente
maravillosa” compuesta por James Horner. Contra todo pronóstico no estoy nada
cansada, será que la perspectiva de estar de vacaciones me sienta bien.
Esta noche, después de dar mis
clases particulares he decidido ver la película de “Una mente maravillosa”, la
cual ya había visto innumerables años atrás pero de la cual no podía recordar
apenas nada. Debo reconocer que me ha gustado mucho más de lo que hiciera la
primera vez. El amor por las ciencias y por las matemáticas; la incansable
persecución de una idea: la idea –esa única idea original que sería la clave y
solución de todos los demás problemas. Al fin y al cabo fue el propio John
Forbes Nash quien publicó una tesis doctoral de menos de treinta páginas: ahí
iría su idea, esa que años más tarde le permitiría alcanzar el Premio Nobel.
También se cuenta en “Una mente
maravillosa” la historia de una obsesión, de una locura, de una paranoia. John
Forbes Nash fue un genio, sí, pero su increíble mente también tuvo una parte
oscura. John Nash padecía una esquizofrenia que le obligó a pasar largos
períodos de su vida encerrado y con una dura medicación. Afortunadamente, esto
no le hizo perder del todo su vida y, poco a poco, este magnífico matemático
consiguió solventar sus problemas por sí mismo así como superar sus paranoias,
aceptarlas como parte de su propio día, limitarlas, ignorarlas.
Esta película nos muestra la
lucha personal contra una enfermedad; la lucha de una persona en favor al amor:
amor por la vida, por las ciencias, por los seres queridos, por la culminación
de una teoría.
Probablemente John Nash fuera un
incomprendido, no tuviera muchos amigos y fuera reservado, egocéntrico, poco
tratable; sin embargo, como todo genio, su mente estuvo siempre llena de
maravillas, de sueños, de ambiciones; de éxito.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario