Hay películas de todo tipo.
Policíacas, de aventuras, románticas, comedias, maravillosas críticas al mundo,
increíbles documentales con increíbles imágenes de la Tierra, del Océano, de
las personas. También hay películas en las que cada escena cuenta, películas en
las que cada diálogo es tan aleatorio y al mismo tiempo tan cierto, tan espontáneo,
tan fuera de lo común… Películas que te hacen sentir vivo y feliz por ello.
Esas son mis películas preferidas: donde la trama no es tan importante, donde
el final pierde su importancia, la cual queda cedida a cada minuto, a cada
imagen y cada conversación. Donde no cuesta nada pasar de la risa a las
lágrimas. Away we go es una de esas
películas.
Away we go es la historia de una pareja que, a punto de tener a su
primer hija, se da cuenta de que en realidad aún tiene que encontrar las
mejores condiciones para este pequeño ser al que todo quieren ofrecer. Y por
ello, con un embarazo de seis meses a cuestas, deciden visitar a cuantos
conocidos tienen a todo lo largo de los EEUU hasta encontrar el lugar adecuado
para ello. Y lo que encuentran es todo aquello que no quieren para su familia.
Y todo aquello que sí que quieren. Y también encuentran que son solo ellos dos
los que cuentan para hacer de su vida todo aquello que quieren hacer de ella.
Para darle a su bebé todo lo que se merece. Para darse a sí mismos todo aquello
que necesitan. Porque si una persona no es nada sin amor tampoco lo es una
pareja. Menos aún una familia. Qué hablar de una comunidad. El mundo entero no
es nada sin amor, parece ser.
Si Sam Mendes ya me deslumbró con la película Revolutionary Road, ahora ya me ha alucinado. Con una genial banda sonora disponible en Spotify. ¡Espero que os guste!
NOTA: Como traductora en formación soy incapaz de dejar pasar la oportunidad de resaltar lo maravilloso de esta profesión: dos títulos perfectos, tanto el inglés como el español y, sin embargo, ¡¡son completamente opuestos!!

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