domingo, 29 de julio de 2012

Remember me



Es la 1:15 de la madrugada. No es muy tarde; tampoco es temprano.

Después de una estúpida e insustancial pero más que agradable charla por teléfono he decidido ver una película que llevaba algún tiempo escondida en la memoria de mi ordenador y que, por un  motivo u otro nunca había visto: Remember Me; Recuérdame. Los restos de lágrimas aún me nublan la vista, la música de los créditos aún retumba en mis oídos.

Siempre he creído firmemente que no hay nada más importante que el comienzo y el desenlace de una historia: es el elemento clave. Y así lo es en esta película. Un brutal asesinato abre la escena de esta historia de amor y pérdida. Debo avisar de que no es una historia alegre. Tampoco es triste. Al menos no demasiado. El final... es tan repentino e inesperado pero al mismo tiempo tan apropiado que no puedo pensar en otro mejor.

Hace mucho tiempo que las historias de amor dejaron de ser chico conoce a chica. Y sin embargo, todas tienen los mismo factores: las sonrisas y miradas cómplices, las escenas de sexo (implícito o explícito), las historias de familia, en este caso tan tristes, y, sobre todo, esas dos palabras tan importantes: Te quiero. Me encanta la escena en la que esta declaración es realizada al fin, creo que por la naturalidad del momento. Además, la sonrisa de Ally (Emilie de Ravin) podría llenar la pantalla por sí misma.

Tampoco la banda sonora tiene desperdicio: Sigur Ros o Sparklehorse me han hecho sonreír y llorar.
La película en sí es casi perfecta, incluso la interpretación de Robert Pattinson como chico neoyorkino extravagante (interpretación de la que, debo admitir, yo tenía bastantes reticencias) es más que aceptable.

Sin embargo, como contrapunto, debo reconocer un error de la producción. ¿Qué fue de los efectos especiales en esa última imagen de Nueva York vista desde las alturas? ¿No podrían haberle dado un poco más de calidad a la imagen, algunas sombras, de manera que no fuera tan evidente que estábamos viendo un diseño de ordenador? Pero bueno… supongo que se perdona.

Por último quiero reconocer una última cosa: mientras que el vampiro nunca me gustó demasiado, este nuevo papel de extravagante violento de Robert Pattinson podría enamorarme fácilmente.

viernes, 27 de julio de 2012

El padrino I

"Someday, and that day may never come, I'll call upon you to do a service for me.
But until that day, accept this justice as a gift on my daughter's wedding day"


Después de toda una vida escuchando las recriminaciones de todos aquellos que me oían decir que jamás había visto esta película, anoche finalmente me senté a verla.

No sé si fue por la maravilla de que mis padres hayan montado un cine de verano particular en el patio de la casa de Linares, por la fría brisa que soplaba tras lo que había sido un asfixiante día de julio o, sencillamente, porque la película era en sí tan buena como siempre me dijeron, pero lo cierto es que me encantó. Probablemente fuera la mezcla de todas estas circunstancias.

La historia de guerra entre las diferentes familias de la mafia italiana asentadas en América me tuvo con la boca abierta durante las casi tres horas que dura la película. En particular, la actuación de Marlon Brandon y  un jovencísimo Al Pacino no es menos que admirable. Por algo, más de uno ve esta película como una obra de arte del cine.

Y esa magnifica recreación de la sociedad italiana: las bodas y celebraciones. La importancia de la familia, el amor, la comida.

Una de las cosas que me llamó la atención fue la violencia de la película (o más bien la ausencia de violencia). Desde el comienzo mi madre, sentada a mi lado, me advirtió: Que sepas que es una película dura, violenta. Es increíble (e incluso intolerable) la cantidad de violencia a la que los jóvenes de hoy en día estamos expuestos, una violencia gratuita y atroz que, desde muy jóvenes nos deja inmunes, nos deja de escandalizar. Es una triste realidad, pero es. En comparación con esta violencia actual, las escenas de El Padrino son mucho más limpias y dejan mucho a la imaginación de cada cual. Hay, por supuesto, escenas violentas explícitas pero que en nada se parecen a las actuales. Bueno, miento, en algo sí: la conclusión es la misma: asesinar.

Creo que (incluso si una vez analizado es un personaje despreciable) todo aquel que vea la película llegará a sentirse en cierta medida conmovido por la figura del Padrino: su amor por la familia, la creación de un imperio creado para ayudar a sus ahijados, su código de honor y su inteligencia no son expuestos en vano.

La banda sonora de la película es, por otra parte, uno de sus elementos claves. 

¡Buscando tiempo para ver la continuación de la saga!

viernes, 20 de julio de 2012

BLANKETS



Siempre pensé que una obra de arte (una verdadera obra de arte) es aquella que te hace sentir, aquella que te transmite cientos de emociones e impresiones. En este sentido, Blankets es una verdadera obra de arte: desde la primera hasta la última página; cada frase, cada dibujo.

Crecido en una pequeña y muy religiosa comunidad de Wisconsin, Craig Thompson se sirve de este cómic autobiográfico para contarnos la historia de su infancia y juventud, y lo hace con una sensibilidad conmovedora. A través de sus dibujos, el autor nos revela sus primeros años de vida: su relación con su hermano, con la religión y con su primer amor. De esta manera, nos conduce a través de su evolución personal, desde la más pura e inocente infancia hasta la juventud y el ansia de independencia que se verá finalmente conseguida.

Y, sin embargo, se trata, ante todo, de una historia de amor, del primer amor. Del amor de Craig Thomson por Raina y de Raina por Thompson. Del amor de dos jóvenes que encuentran en la compañía el apoyo necesario para continuar. Una historia que, sin embargo, real como la vida misma, termina por no funcionar. Una historia preciosa.

Otro de los temas más importantes de esta historia es la relación de Thompson con la religión que en Wisconsin es tan omnipresente. A través de las páginas nos revela la evolución de su fe desde el más puro convencimiento hasta la incredulidad de las escrituras de la iglesia.

Por otra parte, me parece que uno de los motivos por los que esta historia nos conmueve tanto reside en el hecho de que Craig Thompson es capaz de mostrarnos momentos dolorosos de sí mismo y de su vida en general; momentos probablemente traumáticos que deja al descubierto para su público. Momentos que probablemente todos hemos sentido en algún momento de nuestra etapa de crecimiento y con los que nos sentimos fácilmente identificados.

El nombre de esta novela no podría haber sido mejor escogido. BLANKETS. No sólo por la preciosa manta que Raina le regaló un día sino también por la sensación de recogimiento, de calidez con que la historia nos envuelve de principio a fin. A pesar del paisaje nevado que llena las páginas, esta novela nos hace sentir tan refugiados como una chimenea en marcha en una cabaña en el medio de un campo nevado.  

Es una obra realizada con el corazón y que llega directamente a lo más profundo de cada uno.

Si Blankets te ha emocionado, la novela gráfica Diario de Viaje, del  mismo autor, también te gustará.

Como segunda recomendación, prueba a leerla con el álbum Hurricane Glass de Catherine Feeny sonando en el estéreo. Bye!







miércoles, 18 de julio de 2012

Sputnik, mi amor.




La belleza del estilo de Haruki Murakami se puede apreciar desde la primera frase de cualquiera de sus libros. Un estilo que me produce curiosidad, la suficiente como para desear aprender japonés y comprobar si realmente sus palabras son tan bellas como las que el/la traductor/a reproduce. Y lo dice precisamente una estudiante de traducción.

Esta es la tercera historia de este aclamado escritor japonés que leo y  que me ha tenido entregada a la lectura en estas calurosas tardes de verano en Sevilla. Llevo días sin hacer poco más que leer en el bordillo de la piscina mientras la tarde cae lenta y despacio para convertirse en una noche sin viento, en una noche de julio más, como tantas otras.

Una vez más, Murakami trata la soledad humana y el ansia de amor de cada individuo. Desdibujando las fronteras entre la realidad y el mundo onírico, entre el gozo y la tristeza, esta historia nos transporta a una cultura completamente diferente a la nuestra y, sin embargo, con un corazón idéntico: aquí o en Japón todos seguimos siendo humanos, con sus sentimientos y agonías.

Esta historia en particular trata la historia de amor fallida entre tres individuos. El protagonista, tan similar al Watanabe de Tokio Blues (Norwegian Wood) y al mismo autor, está completamente enamorado de su mejor amiga que también le ama pero no puede sentir deseo hacia él sino hacía una mujer mayor de la que se enamora. Una mujer que, a su vez, es incapaz de sentir ningún tipo de deseo sexual hacia nadie. Así se crea este triángulo de amor correspondido pero lleno de insatisfacciones que llevarán a la tragedia final. Una tragedia que termina por resolverse en las últimas páginas del libro.

Habiendo empezado con un estilo realista poco propio de este autor, Murakami se hace notar con su estilo surrealista tan característico a medida que la trama avanza. Un libro tan lleno de metáforas y tan inverosímil (pero al mismo tiempo tan real, ¿quizás por lo detallistas de sus descripciones?) que no nos dejará indiferentes.

Para quien haya leído Tokio Blues, este libro es una buena continuación a la prosa de Murakami. Ya que no llega a plasmar sus extremos de rareza en ella, esta historia podría ser considerada como la indicada para comprender su escritura.

Una de las partes de este libro que más me ha gustado es esta reflexión sobre la soledad humana; aquí queda a la vista de quien quiera leerla:


¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Que necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aislan tanto las unas de las otras. ¿Para que? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?
Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en el la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavas en el cielo. Cerré los ojos, agudicé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraba, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.


NOTA: Escribo esto escuchando la maravillosa música de Jónsi y contemplando un espléndido atardecer desde mi balcón. Quien me conozca lo suficiente sabrá que este es sin lugar a dudas mi momento mágico del día.

jueves, 12 de julio de 2012

HISTORIAS DE FILADELFIA



La primera vez que escuché hablar de esta película fue durante la lectura de “Un mundo casi perfecto” de Marisa de los Santos. La forma de presentar la película no pudo menos que producirme curiosidad, ¡aquella película parecía una de las mejores obras de la creación humana y yo nunca había oído hablar sobre ella! En palabras de la autora:

Si no has visto Historias de Filadelfia, deja todo lo que estés haciendo, alquílala y mírala. Probablemente exagere si digo que hasta que no la hayas visto habrás tenido una vida incompleta e insulsa. Sin embargo, definitivamente se encuentra en la lista de las cosas más perfectas. Ya sabes a qué me refiero: la lista que incluye el cielo estrellado sobre el desierto, los sándwiches de queso a la plancha, El Gran Gatsby, el edificio Chrysler, Ella Fitzgerald cantando “It don’t mean a thing (if your ain’t got that swing)” las peonías blancas y los pequeños bocetos de manos de Leonardo da Vinci.

Y es que, ¿así cómo no sentir curiosidad? Y si bien yo no dejé todo lo que estaba haciendo en ese momento para ver la película (el libro estaba muy bien como para hacer eso), cuando la otra noche me enteré de que la proyectaban en el cine de verano de Diputación no tuve ninguna duda de cuáles serían mis planes para la velada.

Ambientada en un escenario de ensueño: una familia de la alta sociedad de Filadelfia de los años 30-40, esta película estrenada en 1940 y, evidentemente, aún si colorear, muestra una increíble y ante todo divertida historia de amor.

Dirigida por George Cukor y llevada a escena por Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart, esta película consigue lo nunca pensado: presentando las mejores escenas de amor entre personajes que desde el principio está claro que no pueden terminar juntos, nos lleva a la satisfacción final por la que las parejas terminan con sus parejas predestinadas en un primer momento.

Los actores por otra parte, no pueden más que conmovernos claro que, tal y como dice Marisa de los Santos en “Un mundo casi perfecto”: Jimmy Stewart será siempre e indiscutiblemente el mejor hombre del mundo, a menos que de la casualidad de que aparezca Cary Grant. 

jueves, 5 de julio de 2012

El lobo

Si alguna vez has sentido curiosidad por saber cómo piensa o actúa uno de los más feroces depredadores de la naturaleza, este libro te resolverá todas las dudas. Desde la primera página nos encontramos con una historia de lucha que nos llevará a adentrarnos en las profundidades de la mente del cazador que da nombre al libro: el lobo.

Narrada en primera persona, nos encontramos con la triste historia de supervivencia de un lobo que lucha contra la crudeza de su cuarto invierno de vida. Sus experiencias, vivencias, sensaciones son transmitidas al lector desde una perspectiva completamente nueva pero no por ello falta de emoción e interés. La perspectiva de un animal nacido para matar.

Esta lucha continua por vivir estará llena de decisiones equivocadas que llevarán a un final esperado pero no por ello menos temido. Desde nuestra idea de la vida, desde nuestra sociedad, el comprender las leyes de la naturaleza en un invierno tan crudo que los cuervos se comen a los zorros, un invierno donde los mayores enemigos se asocian para encontrar alimento, no puede menos que darnos tristeza. Para un lobo, si bien este invierno produce extrañeza, también es aceptado con resignación: la resignación de saber que la naturaleza es superior al ser vivo y que en cualquier momento puede acabar con la vida; algo completamente incomprensible para el ser humano (ser que desde el comienzo de los tiempos ha tratado de someter la naturaleza a su antojo).

La naturaleza del lobo es presentada a la perfección. El odio al ser humano, a la sumisión del más débil; la adrenalina de la caza; el amor por la naturaleza; la certeza del final que tiene que llegar, pero también su resignación.

El marco de esta naturaleza invernal se nos presenta idílica a través de los agudos sentidos del lobo: el silencio absoluto, el frescor de la nieve bajo sus pezuñas, una rama que se cae, la respiración de otra bestia, la extraordinaria conexión con el resto de animales, los sonidos de la noche.

Tal y como lo describe Time Out: There is a bit of Wolf in each of us. – Hay un poco de lobo en cada uno de nosotros.