sábado, 22 de junio de 2013

Bajo el sol de la Toscana






Hacía siglos que no me sentaba después de comer a ver una película en familia y debo reconocer que gracias a la de hoy me han entrado ganas de hacerlo más a menudo. Después de unas semanas de no parar noto que comienzo a tener más tiempo libre, noto como si la rutina de verano ya hubiese llegado completamente, inundando mis mañanas y tardes de lecturas y películas en casa o en la piscina. Esa rutina que ahora se agradece tantísimo y que, en agosto, probablemente me tendrá refrita.

Pero bueno, tal y como contaba, esta tarde me he sentado a ver una película después de comer: Bajo el sol de la Toscana. Una película de risas y lágrimas o, como decimos en mi casa, una película de amor y de paz, ubicada en la maravillosa tierra de la Toscana. Eso es. Una película sobre la belleza de la vida (¡y de los italianos!), sobre la fuerza vital y la superación de tantas decepciones que a menudo nos inundan. Y, ante todo, una película que nos muestra la importancia de tomar decisiones impulsivas una vez nos encontramos ante la encrucijada de la vida.

Supongo que el gran mérito de esta película no reside en su historia que, si bien es bonita, no es nada fuera de lo normal. Este reside, en cambio, en las imágenes, en los paisajes, en las escenas que muestra; en la música que nos lleva a través de una Italia de ensueño. No sabría decir porqué pero me ha recordado bastante al libro Comer, rezar, amar de Elizabeth Gilbert (supongo que el escenario de americana en proceso de divorcio que viaja a Italia ha tenido algo que ver).

En especial, me ha gustado esta frase que quería compartir ahora aquí:

Cuentan que construyeron una vía férrea sobre los Alpes entre Viena y Venecia antes de que llegara el tren para realizar el trayecto. Aún y así la construyeron: sabían que algún día llegaría el tren. Si hubiera tomado otro desvío, ahora estaría en otra parte, sería una persona distinta.

A veces da miedo, pánico incluso, pensar en todas aquellas cosas que nos perdemos por tomar un determinado desvío, por pasear por una determinada calle, por decir sí en lugar de no (o no en lugar de sí). Sin embargo, parece mucho más coherente pensar en todas aquellas cosas que nos hemos encontrado a lo largo de la vida gracias a estos desvíos aparentemente irrelevantes.

En todo caso, os recomiendo la película: no tiene desperdicio. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario