domingo, 29 de abril de 2012

THE GREAT GATSBY.




Fitzgerald, Fitzgerald… La película del Curioso Caso de Benjamin Button me llevaría a la lectura del breve ensayo filosófico que sirvió de base de la película. Esta sería mi presentación con el gran F. Scott Fitzgerald. Y, sin embargo, aún me quedaba conocer a Gatsby, un personaje atractivo y enigmático como no hay muchos.

La magia del gran Gastby nos atrapa desde la primera página dando paso a un mundo de lujo y riqueza propias de los felices años veinte americanos. Un mundo, eso sí, de gánsteres, un mundo reinado por la Prohibición de venta de alcohol. Un mundo donde las fortunas se han creado de manera incierta.

No nos encontramos sin embargo ante una historia de negocios sucios o asesinatos, si bien ambas partes juegan un papel importante. Estamos, contra todo pronóstico ante una historia de amor. Una historia de amor largamente contenido que acaba por explotar en locura. Una historia donde Fitzgerald recrea el conflicto universal creado entre fantasía y realidad.

Cada evento y cada fiesta son contados con una ambientación irreprochable. Magníficamente caracterizados, los personajes nos hacen reír pero también nos asustan y enervan.

El verano de 1922 en Long Island parece no tener repercusiones. Sin embargo, el fin de un matrimonio por la muerte de ambos o el asesinato de Gastby siempre restaran en nuestras memorias. Un cuadro difícil de olvidar: una piscina, un cuerpo asesinado y un círculo de sangre a su alrededor. El fin de Gastby parece poner fin a una obsesión: la obsesión de crearse a sí mismo como una persona que nunca fue, la avaricia, el querer y no poder. Pero también el amor, el amor de alguien más allá de nuestras posibilidades, por la sociedad y la rigidez de las convenciones, pero alguien que también nos ama.

Os dejo con este pasaje en el que Gatsby se rencuentra con su amada Daisy después de años intentando alcanzarla. Y como desde la ventada de su habitación, Gastby dice:

-Si no fuera por la neblina podríamos ver tu casa al  otro lado de la bahía -dijo Gatsby-. Ustedes mantienen una luz verde encendida toda la noche al final del muelle.
De pronto, Daisy le pasó el brazo por entre el suyo, pero él parecía absorto en lo que acababa de decir. 
Es posible que se le estuviera ocurriendo que el colosal significado de aquella luz se hubiera apagado para siempre. Comparado con la gran distancia que lo había separado de Daisy, le había parecido muy cercana a ella, casi como si la tocara.  Le parecía tan cercana como una estrella lo está de la luna. Ahora había vuelto a ser tan sólo una luz verde en un muelle. Su cuenta de objetos encantados se había disminuido en uno.

sábado, 28 de abril de 2012

PRIMERA ENTRADA. OH COMEDY (Keep your curiosity sacred)








It is a magazine that makes people smile, full of quiet moments and stories. Read it with a cup of tea or a toddy. It inspires people to be creative, talk to their neighbours and explore new things. There are adventures that capture the feeling of being free, stories from people with tales to tell, recipes to warm your heart, and crafty things to make. All these things, wrapped up in beautiful words, illustration and photography.

Recuerdo perfectamente lo que me llevó a comprar el número nueve de esta revista londinense en la estación de trenes de Victoria, unas semanas atrás. Me disponía a pasar el día en Brighton con mis padres que habían venido de visita: me quedaban 50 min de tren ida, 50 min de vuelta. Así que pensé en comprar una revista, lo cual es una tarea un poco ardua en una ciudad tan cosmopolita como Londres, donde la variedad es tan aplastante que se convierte en caótica. Después de diez minutos ojeando revistas y sin ser capaz de decidirme por ninguna de las clásicas (Elle, Vogue, i-D o Citizen K) decidí buscar más a fondo por algo nuevo e inspirador. Y así es como encontré el número nueve de Oh Comedy. Sería el descubrimiento de la página 13 lo que me incitaría a comprarla: What we listened to –The songs that made the issue (Lo que escuchamos –Las canciones que inspiraron la revista). Nunca pensé que pudiera haber una revista tan cool como para darte detalles tan reveladoramente irrelevantes como ese: el playlist del editor.

Lo cierto es que el diseño en sí es completamente innovador. Con un fondo blanco y fotografías retocadas por un filtro verdoso, la revista no podía ser más naif. Sonara raro decirlo pero incluso el tacto, el olor me atrajeron a su lectura desde el primer momento.

Los artículos no podían ser más raros y es precisamente en esa rareza que reside la belleza de las historias contadas. Me llamó especialmente la atención un apartado llamado The beast and me, en el que diferentes personas contaban sus aventuras con mascotas, como la chica que guardó su pez una vez muerto en el congelador por no saber qué hacer con él. Especialmente conmovedor sería el artículo en el que una chica contaba como siempre se arrepentiría de no bailar con su padre en unas vacaciones de verano. La historia es contada con tanta franqueza que es imposible no sentirse identificado con sus palabras: Sometimes it’s the small things that we regret the most (A veces, son las pequeñas cosas de las que más nos arrepentimos).

Lo cierto es que la revista me gustó tanto que no pude evitar teclear su nombre en google y clicar en su página web. Todo esto en época de exámenes, lo que ya supone un logro. No puedo decir que me haya arrepentido. Lo que he encontrado es todo un tesoro. No solo te permiten el acceso online a la gran mayoría de sus artículos sino que además tienen un blog con entradas de lo más variopintas.
Si tuviera que describir esta revista con tres adjetivos, estos serían: endemoniadamente original; artísticamente creativa y naif; inddie y alternativa. Y sí, lo sé, he utilizado más de tres adjetivos pero creedme, decir menos sería quedarse cortos.

Aquí dejo su maravillosa página web, para aquellos que se atrevan a adentrarse en las profundidades del inglés: http://www.ohcomely.co.uk/about.php



Esta soy yo, en el viaje
Londres-Brighton, inmersa en
las páginas de Oh Comedy.