jueves, 27 de diciembre de 2012

El amor en los tiempos del cólera




Si la hazaña de pasar cinco años de su vida esperando y creando una fortuna para conquistar a Daisy que el Gran Gatsby hizo por amor ya nos pareció sobrecogedora, que decir de los cincuenta años que esperó Florentino Ariza para que Fermina Daza terminará en sus brazos: la hazaña de lograr que su amada, una mujer ya anciana y recién enviudada,  encontrara un nuevo deseo de vivir en el ocaso de su vida.

El amor en los tiempos del cólera es un libro sin desperdicio alguno. Desde la primera página nos transporta al mundo del siglo XIX, un mundo de descubrimientos en el que los automóviles, vuelos en globo y viajes a París son vistos como las tendencias más ambiciosas del momento. Ubicada en un lugar conocido como la Manga (nombre ficticio para la real ciudad de Cartagena, Colombia), el amor en los tiempos del cólera es una de las tantas novelas caracterizadas por el Realismo Mágico propio de mucha de la literatura de finales de siglo en Sudamérica.

A diferencia del famoso Cien años de soledad, esta novela narra la historia de una sola generación, eso sí, una vez más centrándose en todos y cada uno de los personajes que la componen: especialmente en la deseada Fermina Daza, en su marido el doctor Juvenal Urbino y en su más fiel pretendiente Florentino Ariza, el cual invierte toda su vida pensando en ella y esperando a la muerte de su esposo para poder conquistarla finalmente. Sin embargo, Florentino Ariza nunca contó con la realidad de que, para entonces, no serían más que un par de ancianos más cercanos a la muerte que a la vida que él tanto pretende.

No cabe duda de que lo más maravilloso del libro es la habilidad del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez para enlazar una historia con la siguiente y con la siguiente y así hasta perder la cuenta. Y la maravilla de seguir la vida de decenas de personajes que el autor utiliza, entre otros recursos, para lanzar guiños al lector. Resulta, además, de lo más placentero que, una vez más, una novela de 1985 nos emocione mucho más que la mayoría de las historias actuales.  

miércoles, 19 de diciembre de 2012

American Beauty



Ganadora de cinco Oscar en 1999, incluido el de mejor película


American Beauty. Una historia desgarradora desde la primera escena… hasta la última. La historia de la misma soledad humana: de todos y cada uno de sus personajes. De la insatisfacción de una vida que resulta ser una decepción. La tristeza de despertar una mañana y no reconocerte a ti mismo porque te has convertido en todo aquello que nunca pudiste imaginar, y te miras en el espejo, y no te gusta lo que ves: un ser reprimido de todo aquello que algún día pudo darte la más mínima satisfacción.

Pero American Beauty también es la historia del despertar. Un despertar tan agradable que nos llevará de nuevo a la juventud; un despertar que nos alejará de todo aquello que nos entristece y nos abrirá todas aquellas posibilidades que nos ayudan a ser más felices. American Beauty es la historia de un despertar repentino a la vida. Es una historia que muestra la belleza del mundo en sus actos más fatales. Porque, al fin y al cabo, cuando miras la miseria de cerca, tan de cerca que puedes olerla, tocarla, entonces, a veces, sientes que miras al todo y que ese todo (todo que algunos identifican con Dios) te devuelve la mirada. Y no hay nada más bello en el mundo que ese momento de conexión suprema.

Y así es como Lester, interpretado por el increíble Kevin Spacey, concluye:

“Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplase toda a la vez y me abruma, mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero, recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella. Y entonces fluye a través de mí, como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro, pero no se preocupen: algún día la tendrán”.

La banda sonora, por otra parte, del célebre compositor Thomas Newman, no tiene desperdicio. Además está disponible en Spotify. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Showcase - El Callejón de las Artes




“Os propongo una reflexión –presentó Christian Nila, artista del Callejón de las Artes, a modo de apertura del espectáculo– Si la vida es teatro y el teatro es un juego de máscaras, ¿no es la vida más que un juego de máscaras?”

Ayer, por primera vez, tuve la oportunidad de asistir a uno de los espectáculos, en este caso un showcase, del Callejón de las Artes, con la excusa de que Elena Moreno –cantante, pianista, compositora y prima mía– participaba en la actuación.
A pesar de la prolongada duración del espectáculo, tres horas, la función fue maravillosa. A cada actuación, el público quedaba sorprendido por una delicia más. Artistas de todos los tipos y edades se unían para dar vida a diferentes personajes, todos ellos presentados por un monólogo con el que se trataba de contestar a la difícil pregunta de: ¿Por qué ser un artista?; monólogos, al mismo tiempo, conmovedores por las experiencias y ambiciones personales de las que los diferentes artistas nos hacían partícipe.
Canciones, pequeñas funciones teatrales, danzas e incluso una improvisación de clarinete fueron sucediéndose unas a otras, para dar fin a la función con un alegre “Oh Happy Day” que nos dejó a todos con una agradable sensación de satisfacción.

El Callejón de las Artes (http://elcallejondelasartes.wordpress.com/) es una asociación donde se ofrecen talleres de cante, danza, interpretación o práctica de instrumentos como piano y guitarra, entre otros. Recomendado para cualquier persona interesada en la expresión artística.

Asimismo, el espectáculo, además de gratuito, tuvo lugar en un agradable ambiente propiciado por el restaurante “Sevilla de Ópera”, en el interior del Mercado del Arenal, a unos cinco minutos de la Maestranza, pleno centro Sevillano.

Solo me queda decir, gracias a todos aquellos que hicieron posible este espectáculo.